domingo, 29 de noviembre de 2009

SENTIR LO QUE SE DEJÓ DE SENTIR.


Leí e hice casi propio este fragmento de Los jardines secretos de Mogador, de ARS, tras estar allí, en Mogador y ver el Atlántico en frente mío, sagaz, atronador el aire que le acompañaba, hiriente en su mensaje de soledad... :
Un día se encontró con un jardinero de fuentes, posiblemente atrapador de nubes, quien le dijo, mientras se protegía agazapado en la muralla de las miradas y caricias oceánicas, muy cerca del Bastion de la Sqala: "Nosotros somos parte del jardín. Y antes de ser marchitados tenemos la obligación de sentir sus mensajes".
Más tarde, he aconsejado en muchas ocasiones irse allí a sentir lo que solamente lejos se puede sentir cuando se ha dejado de sentir lo que en otro tiempo se sintió. Allí, entre sus molestos vientos oceánicos se halla el interior que no se encontró por haberlo perdido.
Y es que cuando el deseo se va hay que salir a buscarlo allá en donde esté y recolocarlo en aquello que le inspire.

sábado, 28 de noviembre de 2009

INSECTOS FEROMÓNICOS.


"Lo que siguió fue aún más sorpresivo que nuestro terremoto amoroso. Estábamos abrazados y desnudos cuando entró por la ventana entreabierta un enjambre de esas luciérnagas gigantes y nos envolvió en su nube. Por un momento, aquello fue tal vez una de las cosas más bellas que nos podían haber pasado haciendo el amor, como si la luminosidad que sentíamos desde el sexo nos brotara por toda la piel; como si perdiéramos las orillas del cuerpo y todo en nosotros tendiera a ser luz. Era un jardín de luces, nuestra piel encendida. Y en ese jardín las fuentes más luminosas, más llenas de luciérnagas estaban entre nuestras piernas. Era como si los diminutos insectos brillantes nos olieran, como si percibieran en el aire, como si sintieran la misma atracción nuestra ir muy adentro uno del otro por las puertas secretas del sexo.
Desgraciadamente, muy pronto nos dimos cuenta que no eran luciérnagas. El enjambre entero comenzó a picarnos, a beber de nuestra sangre, a atormentarnos hasta la impaciencia y luego la fiebre.
Un médico nos explicó esa misma noche que en la Guayana llaman Luciérnaga del Amor a esa especie de insecto que es más pequeño que un mosquito encendido pero que pica como una avispa. Se alimenta, normalmente, de la sangre de los animales en celo. Pero también de los humanos que, como nosotros, se descuidan cuando hacen el amor. Algún ingrediente de la sangre enamorada lo atrae y lo satisface. Son insectos feromónicos, dijo el doctor."
(Tomado de La mano del fuego, de Alberto Ruy Sánchez)
Somos química y a los componentes primarios no se les puede engañar, falsear o evitar. Forman parte de nuestra propia naturaleza desde... siempre. De poco sirve que descubramos, inventemos y postulemos nuevas teorías de vida si no recordamos lo original, la esencia, el principio.
Somos, hoy, lo que no seremos nunca más, por ello somos como somos y no como otros son o fueron. Y en ese microcosmos que nos hemos creado, hoy, mientras estamos y nos vemos, somos lo que somos, nada más pero nada menos.
Dos cuerpos, amados y amantes segregan lo que con palabras no pueden ya transmitir, sean feromonas o simplemente... sudor.

jueves, 26 de noviembre de 2009

LO INVISIBLE.


En Los jardines secretos de Mogador, cuenta ARS, que paseando por el mercado de las especias, se topó con un puesto en el que una mujer vendía plantas provenientes de un jardín invisible. No eran bonitas pero cada una, como ella misma aseveraba, poderosa. ¿Y donde está ese jardín?, preguntó lleno de curiosidad Alberto, a lo que ella respondió:
-El jardín de lo invisible no puede verse con tus ojos. Algunas plantas huelen mal, son feas... pero allá, en el jardín invisible, su olor es bueno y son bellas. Mira ésta- le señala una- es una de las más apreciadas...
-¿Allá?
- Allá y aquí- le respondió- Lo invisible también está entre nosotros... Es como un hilo que nos cruza y nos hace enamorarnos, enfermarnos gravemente o atarnos a algo o alguien.
Imagino a Alberto conversando con ella largamente, comprendiendo de qué está hablando la mujer, viéndolo en sus ojos, sintiéndolo en la pasión comedida con la que desgrana su saber frente al forastero. Él, como nosotros, ha conocido en alguna ocasión esa invisibilidad que impele nuestra indolencia de creernos eternos y sentir latir el deseo en nuestro interior. Más aún cuando ella finaliza su explicación:
Los que se han metido a lo invisible con curiosidad afiebrada no han regresado. No todavía.
Para qué más...

miércoles, 25 de noviembre de 2009

ETERNO DESEO.

Alan Sokal, profesor de Física en la Universidad de Nueva York, consiguió publicar hace unos años en Social Text, una sesuda y progre revista norteamericana, un artículo titulado Trasgrediendo las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica. El artículo, de 34 páginas, no era más que una boutade plena de insensateces y barbaridades inmerso en un plan perfectamente tramado por el enseñante, puesto que al mismo tiempo publicaba en otra revista, Lingua Franca, la experiencia en la que demostraba que si un artículo sonaba bien y halagaba los supuestos ideológicos de la redacción, se publicaba fácilmente. Un año más tarde, junto a Bricmont, otro físico de la Universidad de Lovaina, completaba su análisis publicando un libro titulado Imposturas intelectuales, en donde critican a grandes figuras del pensamiento posmoderno como Lacan o Deleuve, entre otros, por utilizar principios científicos de manera pretenciosa, ignorante, errónea y fundamentalmente de manera superficial.
Sokal, a su manera, hizo ver a quien quisiera ver, que estamos hablando de una cultura basada en la apariencia y no en el ser, y yo añadiría que para no ser descubierto tal engaño hace falta incluir el aumento en la velocidad, para que no se reflexione demasiado lo que en apariencia suena extraordinariamente.
Cuando Alberto Ruy Sánchez, cuando los sonámbulos, hablamos del deseo, nunca nos quedamos en lo superficial. Siempre introducimos la esencia vital en lo que decimos, en la creencia de que será eterno mientras dure.
Cuenta ARS que su periplo por Japón y Vietnam fue extraordinariamente bien. Sus libros han sido editados y ya cuenta con legión de adeptos a su causa. Mi interés radica en que sean muchos aquí los que lean sus mensajes y tengan muchos momentos de felicidad, de autosatisfacción, de vivir con letras mayúsculas, con acentos y negritas, la única forma de vivir... sanamente.

domingo, 22 de noviembre de 2009

REALIZAR NUESTRO DESEO.


Susana contemplaba diariamente aquel árbol cuando salía de trabajar en la fábrica. Tan robusto en su tronco, tan frondoso pero a la vez tan estilizado y elegante en sus ramas más altas ... Simulaba a una gran dinastía que orgullosamente mostraba todos sus integrantes, pasados y presentes. Lo divisaba y se veía subida a él, observando todo el paisaje frente a ella, sintiéndose como la reina del mundo, ese pequeño mundo que la mantenía separada del otro, el de verdad, el que se le tenía vedado por quién sabe cuánto o tal vez por siempre... Un domingo se acercó parsimoniosamente a él, lo rodeó con sus finas manos todavía y no se lo pensó más.
Empezó a subir rama a rama abrazada al tronco sin mirar hacia abajo hasta que hizo cumbre. Entonces lo vio todo por primera vez. Las casas, los caminos, aquel parque que decían se había construído hacía dos años... hasta los coches que circulaban allá donde ya no se distinguían las personas. La claridad que afrontaba el día no se notaba desde la base, en donde ella se situaba a diario. Veía los pajaros revolotear, extrañados por tenerla de okupa en su espacio. Hasta el aroma era diferente. Habían desaparecido los olores a rancio y obediente consentimiento que agobiaban sus monótonos trayectos diarios. Se sentía tan feliz en aquel instante...De pronto se levantó un vendaval, que por inesperado le sorprendió, olvidando asirse a lo que tuviera más cercano. Sus ramas se ladearon con tal intensidad que perdió el equilibrio y Susana fue cayendo de rellano en rellano "rámico" frenando su camino hasta que finalmente fue a dar con su cuerpo en el suelo...
Pasó entonces una vecina que había visto lo sucedido y, entre recriminante y preocupada, y casi con lágrimas en los ojos, le gritó las posibles consecuencias negativas de su aventura.
-No te preocupes- le contestó Susana- Sí, me he hecho daño, pero al menos he realizado mi deseo.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

EL JARDÍN DE LAS VOCES.


Habla ARS en uno de sus relatos de un jardinero que rompe con energía todas las plantas que encuentra en su jardín, en el que no hay hojas ni flores. Tan solo existen las que deja como alimento en las pequeñas jaulas de sus grillos. El jardinero sabe qué planta adora comer cada animal diminuto y cuáles hacen que su tono se vuelva más grave o más agudo. Y añade más adelante que "... son muchas las cosas que, además de la comida, pueden modificar el canto de los grillos. Y una de ellas es invisible y poderosa. Es el deseo. El jardinero sabe que algunas jaulas puestas al lado de otras hacen que toda la noche se oigan gritos entusiastas de cortejo. Y sabe que al alejarlas poco a poco un tono hondo de dolor se va apoderando de ese canto. La distancia es una cuerda imaginaria de deseos que él va templando"
(Tomado de Los jardines secretos de Mogador. Alberto Ruy Sánchez.)
Siempre desear modula con insistencia el volumen de llamada de nuestra supervivencia. Desear es siempre la vida misma, la intención de lo que diferencia al inconstante, aquél del que hay que apartarse porque es como el préstamo que hay que devolver. Desear es lo que mantiene al apóstata que busca renunciar lo que no eligió y le fue impuesto.
Confundieron al deseante con el hedonista y todavía no ha salido en el BOE de los sentimientos el resultado a tal dilema.

domingo, 15 de noviembre de 2009

EL CAOS.





..."Dicen que la línea de la vida y el deseo crecen y avanzan aquí con más naturalidad en forma de espiral: esa línea interminable, lenta, indecisa, siempre comenzando de nuevo. Y no se piensa de ninguna manera que la vida sea esa cima escalable con la cual se le representa con frecuencia en otras ciudades y culturas. La cúspide única de poder y riqueza, el clímax, el éxito ascendente, la fama mayor, no gozan de ningún prestigio en Mogador. Todo lo contrario: de quien vive el espejismo de haber ascendido se dice que se cayó desde arriba".

(De: Nueve veces el asombro. Autor: Alberto Ruy Sánchez)


Me recuerda este pasaje de la obra de ARS a la teoría del caos, tan actual por el constante enfrentamiento entre defensores y detractores de su esencia.
Opino que una vida sabia y sana ha de pasar por ambas fases, la de la estar en contra de toda irregularidad y la de laisez faire ante cualquier contingencia porque por sí sola se regulará, o se creará de nuevo, totalmente distinta. Aún así, siempre poseerá átomos de la anterior, aromas a lo que pudo haber sido y no fue, deseos insatisfechos que insisten e insisten... para reflejarse ante nuestra mirada obtusa y miope.

lunes, 9 de noviembre de 2009

LOS SONÁMBULOS.


"Los sonámbulos no distinguen entre la realidad y el deseo. Su realidad más amplia, más tangible, más corporal es el deseo. Me muevo porque deseo. La vida en sociedad es un espeso tejido de deseos. El hogar una casa de deseos. La alcoba un jardín deseos. Mi jardín es la trenza de mis deseos con la naturaleza. La realidad es también, y sobre todo, aquello que deseo".

(Tomado de En los labios del agua. De ARS).

El día, la noche, que no siento ser, mi organismo se da cuenta y me trata mal. Cuando, en cambio, mi atención está en lo que me permite seguir siendo, me reconforta, me da tranquilidad, me dice que llame a quienes son de los míos, los de mi casta. Y me anima a contestarles cuando me llaman y de lo concentrado que estoy en lo que hago no les atiendo. No ser y seguir siendo es totalmente imposible.

domingo, 8 de noviembre de 2009

PRESCRIPCIÓN.


Le comenté a Alberto, que suelo recomendar a aquellas personas cuyo sufrimiento no acaba de apagarse, ir a Mogador (Essauira), conocerla para conocerse, aunque no entren por el agua, como recomienda él.
Les animo a que caminen por sus calles empedradas, toquen sus paredes adobadas, respiren el salitre mientras observan cómo revolotean las gaviotas al atardecer o a un músico gnawa imbocar a sus espíritus, o beber el mejor té a la menta que puede degustarse en aquellas tierras atlánticas.
Los primeros días son de toma de contacto, los demás son de diálogo con ella. Pero en todos ellos, los sentidos les irán sometiendo a sus caprichos hasta que comiencen a ver como si fuera la primera vez.
Mogador es energizante y psicoanalizante, moderada y salvaje al mismo tiempo, pero nunca peligrosamente segura. De alguna forma simula la atracción de los amantes-amados, siempre poderosamente frágiles mientras dura su pasión.
Leí el episodio de las tres libélulas que van a conocer el fuego, que escribió ARS en La mano de fuego. Podría simplificar perfectamente lo que he dicho con ese relato. Otro día lo transcribiré. Hoy, prefiero escuchar a Lee Konitz en Lover man.

viernes, 6 de noviembre de 2009

LOS COCUYOS


Leo en Nueve veces el asombro: " los amantes en Mogador, coleccionan y se regalan esos otros insectos fosforescentes de noche, tan comunes antes en los cañaverales del puerto, los cocuyos. Con ellos se juran amor eterno porque son los únicos animales cuyo brillo sorprendente sigue vivo una vez que el insecto muere. Y cuando se secan los muelen y mezcándolos con aceite de argano hacen una pasta que los amantes se untan discretamente en los labios antes de besarse. Se atribuyen poderes afrodisíacos a ese unto de luz".
Siempre es hermoso crear-creer atmósferas que recreen el deseo de amar. Somos todo sentidos y como tales hemos de reaccionar ante y por ellos. Es la vida demasiado breve para renunciar a emociones y sensaciones envueltas con el celofán del deseo.
Los sonámbulos se niegan a no comulgar con la filosofía de la conciencia vital, la que estuvo marginada tantos años en favor de rigideces fariseas de las que ahora tantos se arrepienten haber seguido... sobre todo si se acercan al fin de sus vidas.
Los cocuyos pueden ser la perfecta cosmética para esa comunicación, esa apertura a otros mundos sensoriales a los que los cuerpos se vierten. Podría utilizarse también para otras zonas corporales que merezcan ser investigadas y reconocidas por el amante-amado.

lunes, 2 de noviembre de 2009

AZUL


Como si fuera teledirigido he tomado de mi estantería un librito que a la pintura dedicó Alberti. Lo compré hace años y apenas le he dedicado unos minutos. Te pido perdón, libro. Aunque tal vez intuí necesitarlo hoy... Busco en él si escribió acerca del color azul. Y sí:
Llegó el azul. Y se pintó su tiempo/ ¿Cuántos azules dio el Mediterráneo/Venecia de azul Tiziano en oro/ Me entrevero de azules Tintoretto/ Hay un azul Murillo Inmaculada precursor del brillante de los cromos/ También dio azules Tiépolo a su siglo/ Dieron las Baleares su azul a la pintura/ Dio el azul un día:
-Hoy tengo un nuevo nombre. Se me llama: Azul Pablo Ruiz Azul Picasso.
Sus 200 páginas se me quedarán escasas en breve. Es interesante cómo este bruñidor del lenguaje sabía sacar a pasear sus pensamientos para que se encontraran y crearan fantasías animadas de colores.
Me gusta el azul. De hecho lo incorporo siempre que puedo a mi espacio.
Me contaba nuestro gran ceramista Fernando Malo que es un misterio siempre cómo nacerá el color tras pasar por el horno. Antes era polvo, luego será... ¿será lo que yo quisiera que fuera?. Es el misterio del fuego.
Desconozco si el azul es deseo pero para mí sí lo es. Deseo es siempre algo inconcluso, como este incierto cromatismo que cuando te acercas a él te revela la duda de si se oscureció o son tus ojos quienes son sometidos a la duda de no ser los mismos que ayer...
Añade el poeta: Tiene el azul estático nostalgia de haber sido azul puro en movimiento.

domingo, 1 de noviembre de 2009

OTOÑO.


El amarillo de los bosques
es el mismo del año ayer?
Y se repite el vuelo negro
de la tenaz ave marina?
Y donde termina el espacio
se llama muerte o infinito?
Qué pesan más en la cintura,
los dolores o los recuerdos?
.........................
Ésto anterior forma parte de El libro de las preguntas, del siempre eterno Neruda, don Pablo. Isidro Ferrer lo "rehizo" en un magnífico libro que en estos momentos tengo frente a mí, con sus iconos incrustados en las páginas blancas, respirando movimientos mientras los contemplo ensimismado como un niño al que le están contando su primer cuento de aventuras.
Un humano que no se haga preguntas no es de fiar... Nunca conocemos todo porque todo cambia y deja de ser como era... De allí el deseo de conocer, de reinventarse continuamente.