sábado, 22 de julio de 2017

SALOMÓN


Es de tal modo que por donde se la mire siempre tendrá una biografía. Abandonada a la orilla del sueño, el amadoamante velará su viaje hasta que al día siguiente la recupere de nuevo con un beso, esa fe de vida que es más un acta a la esperanza. Sabrá que el privilegio de ser audaz le acercará más y más a su destino, ése que desconoce, aunque navegue hacia él sin brújula ni GPS. Y exprimirá el limón de su vida, sus primaveras repetitivas que cada vez son más otoños salpicados de nuevos colores y formas que son fiel reflejo de pensamientos y obras, de otros y de él. 
Un día ella le dijo: "Antes te buscaba a solas, ahora te busco contigo". Y es que los números pueden ser pares o impares, como la soledad... La prueba de la irremediable soledad es que nadie, entre ser bello o disfrutar de la belleza ajena, elegiría lo primero... Salomón, aún antes de ser sabio, no fue ignorante: optó por la sabiduría; después se enardeció con la reina de Saba, y por fín escribió el Cantar de los Cantares. Lógico. 
No hay una verdadero camino que no añore un oasis, o que recuerde una fuente, ésa es la enseñanza de toda una vida destinada a ser vivida y amada.

miércoles, 12 de julio de 2017

ARIADNA y TESEO



Le digo a alguien que me pide consejo: A batallas de amor campo de plumas, que escribió Caballero Bonald, reflejando en sus palabras el deseo con el que un descalabro es devorado por la mente. 
El desamparo benevolente vence una vez más a la secuencia de conjeturas de ese fondo implacable que azota una errata al borde de la página en blanco. La persona, ese ovillo que se teje y desteje ariadnamente, siempre busca ese equilibrio entre lo que merece la pena y su propio hedonismo, nunca para lo que le genere dolor, posiblemente porque la belleza, la que no es solo física, no se quita ni con la ducha.
En todo influye la memoria como porción estable de un pretérito con fraccionados pedazos de lo que llaman felicidad, esbozos de cuerpos bienamados, noches evidentes de momentos pertinaces en demostrar que la química del humano existe entre sus células cerebrales, las que producen los sentidos por los que se sueña la realidad más persistente, la que no se rebaja al arrepentimiento, aquella que se perpetra solo por pura complacencia. Y hablan de restauración, pero me cuesta creer que todo don sea un regalo, a veces, las más, es una restitución de un crimen nunca cometido. 

Me pregunta cómo se evalúa lo dicho: la única manera de medir el deseo amoroso es que sea sin medida. Lo demás son clasificaciones y niveles que nunca afectan a la cantidad.

martes, 4 de julio de 2017

TIEMPO DE SILENCIOS DEMASIADO FRECUENTES


Se nota desde hace un tiempo que parece extraño hablar de temas que tienen que ver mucho con el humano. Cuesta oir o leer acerca de amar, de amor. Se palpa una especie de incorrección política, ¡también en ésto! hacia lo que nos hace  más personas, más... únicos, dejándolo para esa centrifugación de toda nuestra propia superficie, como si se convirtiera en una especie de nacionalismo humano que se repliega hacia la alcoba, esa palabra tan rancia que olía a habitación sin ventilar... 
Y se equivocan. Veo excesiva angustia, que como la calificaba Kierkegaard, es el temor de lo que se desea, o como afirmaba Heidegger, que pensó que el humano se angustia por el miedo simultáneo a la vida y a la muerte. Y no lo entiendo, porque ya Horacio se enfrentó a estas sensaciones empujándonos a ese hedonismo controlado que solo conocemos los humanos. Sólo por un esfuerzo cotidiano de costosa resistencia, sólo escuchando las voces menospreciadas de una milenaria sabiduría antigregaria, o por el brusco fogonazo que sigue a una crisis puntual e imprevista, se levantan de pronto los espesos estores de esos duermevelas a los que aludía al principio. Abren los ojos despertados pero les cuesta tomar conciencia de ellos mismos y con el mundo. Sin embargo, se atomizan prontamente al verse incomunicados, como el Gran Hermano orwelliano prefiere que estén.
Hoy recuerdo, aunque nunca melancólicamente, la pituisa de los setenta, el Paula´s y la visión de un gran azul que olía a sensaciones e instantáneas eternas, esas de las que parece ser solamente olvido, ¿o es que para ciertos recuerdos hay un álbum de agua?, como ya dijo el sabio...