lunes, 25 de enero de 2021

DÍAS ENMASCARADOS



Se miraron con curiosidad. Parpadearon sus ojos y tras ello los abrieron de una forma convulsiva, adivinando el pensamiento de cada uno. Su mano la condujo al pecho cubriéndolo de forma tal que podía ser considerada como protección frente a una agresión visual. Sentía esas diminutas convulsiones secretas de latidos sanguíneos acurrucados en sus venas. Sus ojos y los de él sucumbían a esa curiosidad del neonato a una vida pregonada de placeres y deseos ocultos, con la fuerza sorpresiva que ocasiona quien sabe que el interior de su cuerpo está siendo visto con sus relámpagos y tormentas esperadas.

Avanzaron con el mismo objetivo, aspirando sus olores y burlando al tiempo la velocidad de su marcapasos. Él se evadió mentalmente y recordó por un instante a su poeta Federico en el que voceaba las sensaciones increíbles de un deseo recalcitrante de poseer y ser poseído por el entusiasmo de la blanca luz del grito silenciado para los demás y solo habitado por los dos amantesamados, enlazados en ese nido de donde surgen humedecidos todos los sueños de las serpientes y más aún sus nalgas que dibujan espirales cuando hunden suavemente su cuerpo al deslizarse para aunarse más todavía al cuerpo dirigido por luces tuertas y calles vacías como diría Octavio Paz. Siempre quiso conocer  el por qué de su espalda surgía ese arcoiris obtenido de potenciales lenguas diminutas e indetenibles tras hacer el amor. Lo veía cuando se levantaba y seguía oliendo su aroma ensordecedor...
 


domingo, 10 de enero de 2021

DE MÚSICA


Pocas realidades duran la eternidad le dijo en una ocasión alguien al que consideró maestro. Lo comprendió con el paso de los años. 
En un hammam de Mogador se ofrecía un tipo de masaje llamado "musical" basado en que de la forma en que se proporcionaba poseería la música su cuerpo. Requería un ritual bastante completo porque tenía antes que priorizarse en extraer de su interior todos aquellos ritmos que se inmiscuían en el resultado final. Limpiar profundamente la piel, extraer las células muertas y sobre todo friccionar con el aceite de argan hasta que éste penetraba y creaba ese sonido musical al que durante un tiempo, el que se deseara, sentiría en su interior. Aquella música sería la que sentiría su amadoamante cuando sus cuerpos se hicieran uno, brotando de sus placeres, de sus sueños, de sus profundidades, ambos, que solamente conocieran sus dedos. No existían tabúes para sus gritos ni fantasmas para sus mordiscos...Eran soledades íntimas de dos murallas que caían por el peso de esa música que había sido incrustada por la diosa del placer a la que solo había que pagarla con la voluntad... "Al amor dale tiempo, todo el que dure sus arpegios".