lunes, 4 de marzo de 2019

BUSCAR LA CALMA


Existen ocasiones en las que la conciencia hace black out, se muta en imágenes ni siquiera imaginadas. Es entones cuando hace aparición el arte fisiognómico andante, un tipo de habilidad que hay que descubrir tempranamente, pues solo la experiencia guía sin tropiezos por el conocimiento de gente a través del movimiento de su cuerpo. Ya he hablado en alguna ocasión que el modo de caminar habla de la persona que lo utiliza, sobre todo si es del sexo femenino, desconociendo que su cerebro es quien guía esos pasos gobernados por el arco sospechoso que forman las piernas, sus glúteos y su espalda mediante pasos rítmicos o descompasados que caracterizan la personalidad de quien va unos metros por delante de quien observa. Es curioso que su pelo, incluso su vestimenta (disculpe Alfonso X el Sabio quien en su Partida Segunda escribe "vestiduras facen mucho conoscer a las muyeres o los homes por nobles o viles") no transmite gran información al voyeur temperamental, como tampoco su forma de ir peinada o descompuesta. La desnudez que genera la marcha es imposible camuflarla con otros aderezos o complementos ya sean físicos o llenos de corporeidad. 
Ese espacio onírico del que hablé al principio se me hace símil con el rito del sosiego: dos sillas y una mesa, un paté de hígado de oca, tostadas de pan fresco, una botella helada de vino de Sauternes, y frente a tí la cara de la persona que te provoca calma. El paté recuerda que somos carne, el pan que somos naturaleza, que hemos crecido del suelo, y el espíritu del vino de Sauternes aviva lo que se olvida: la posibilidad de unir dos pensamientos. 
Dicen que la vida da muchas vueltas. Lo trascendental es perderse, aunque sea desde un paseo o salivando lo que se desea.

domingo, 17 de febrero de 2019

AMANECERES DOLOROSOS FRENTE AL GRAN AZUL


Hay dolores que se recuerdan como antiguos, como heridas que no acaban de cerrarse, bocas abiertas exhalando oxígeno, nitrógeno y carbónico hasta dejar exhausto a quien suplica seguir viviendo. Seguía con su relato y me contaba que era un dolor cautivo, sin morfina ni remedio, dolor expandido por todo su cuerpo y mente, como células malignas que se adueñan sin existir modo de asesinarlas. Le dije que viviera más para ella, que no hiciera nada siniestro para nadie, que no valía la pena, que nunca las penas valen para nada, que se sintiera satisfecha con lo poco que pudiera, como ya dijo Freud, Dn. Sigmund: el hombre o la mujer insatisfechos de sí mismos no aman. Ni del amor ni de la guerra sale nadie ileso cuando se desprende de forma otoñal, sin saber cómo, lentamente, sin savia que alimente el momento ya amarillento. 
Dicen los poetas árabes que el destino es el vagar de un camello ciego. Cada vez lo creo más vehemente. Nadie elige cuándo nacer, quiénes sus padres o hermanos, incluso ni su lugar en donde vivir...si me apuras. Se es Scherazade en elegantes y furibundas noches de pasión mientras se desgranan ebrias historias de palabras paridas al sopor de húmedas treguas. 
Me escuchó mientras miraba al gran azul. ¿Supo creerme...?

martes, 29 de enero de 2019

IDIOMAS PARA NO ENTENDERSE



Hay frases que estremecen, por su fortaleza, por su debilidad, por lo que dicen diciendo, por lo que dicen sin decir... Una de ellas la escribió ARS en Los jardines secretos de Mogador: Huelo a distancia magnolias en tu vientre y me trastornan. 
Del mismo modo que para ser extranjero basta viajar, para sentirse menos extranjero ayuda que los demás también hayan viajado. Esa es la gran enseñanza, abrigar la sospecha de que aquellos con los que hablas sepan tu idioma, de igual forma que la garúa cae sobre tí para que entiendas mejor la geografía que estás visitando y cuya lengua te empareja a cada paso con el de la acera de enfrente. Con el paso de los años me afirmo en la fe de que una misma lengua debería haberse impuesto, obligado, de la misma forma que nos obligan a pagar impuestos o a no provocar accidentes en las carreteras, que la ONU, UNESCO, FAO, OEA, etc.  y otras instituciones a nivel mundial se hubieran empeñado en la voluntad de evitar duelos para que todo el mundo nos pudiéramos comunicar sin la barrera idiomática que impide transportar los sentimientos de la misma forma, y no ser traducidos con meras aproximaciones. Porque nunca el viento es igual que la voz. Sí, te envuelve, te hace saber que está ahí, pero solo es un tránsito, se irá y no se quedará a reposarse. Estoy seguro que mucha sangre derramada, muchas lágrimas lastimeras y sufrientes se habría evitado, muchas pieles se habrían acercado si el mismo habla hubiera abierto la puerta del diálogo a la par, a la comprensión sin intermediarios. Nunca los intermediarios son buenos, siempre se quedan con el aliento del alma. Conozco dolores que dejan en ridículo a todas las teorías que existen o puedan llegar a existir. Hoy, afortunadamente, hay miradas que prestan los ojos, que telepatizan discursos no escritos, pero aún son una gran minoría desconocida... son ese mundo invisible del que habla ARS, como la intensa y pesada fragancia, casi alucinógena de algunas flores como el ylang ylang, las gardenias o las azucenas, o como ese prolongar el aroma de las magnolias en un vientre al que el deseo insiste en acariciar.

miércoles, 23 de enero de 2019

DEPENDE


Me dijo que tenía vocación de curva y no la entendí, y que había olvidado el ángulo de las palabras. Y seguí sin entenderla. Me afirmó saber que en un tiempo supo que lo fue todo para quien amó, incluso frontera o anticipo, y ahora intuye que es su contraseña, ésa que le abre los precipicios por donde cabalga su solitaria figura, la que le permite entrar en su ausencia y acariciarle sin que sepa que lo está haciendo... 
Finge delante de todos su atrapada normalidad social para que desconozcan su verdadero DNI espiritual, acepta ser el complicado crucigrama de las hojas del periódico que muchas manos lo han desnudado de su primitivo color. Adorna su vida con diletantes suspiros que enturbian la cordial vida que nunca tuvo y siempre deseó no desear. Su sinceridad es ya un dibujo hecho sobre otro dibujo, el último somnífero del vampiro antes de llegar la luz...
Las mejores llamadas son aquellas que no se esperan me dijo un día mortífero de calor bajo una palmera que se resistía a dejar de agarrar sus raíces a una tierra que le despreciaba. Le pregunté si en alguna ocasión había deseado y me contestó: Depende de quien pendiera ese deseo... 

lunes, 31 de diciembre de 2018

NOCHEVIEJA DE TODAS LAS NOCHES.


Siempre el día de fin de año, aunque suene a cursilada, es motivo para analizar los 365 días pasados..., nunca los siguientes. No aceptarlo figura entre los prejuicios de una sociedad que no logra desprenderse de lo que le sobra. Ya Einstein dijo que es más difícil romper un prejuicio  que un átomo...(y de éso entendía algo...). 
El Sonámbulo ve hoy desde su privilegiada atalaya todo aquello que tiene que ver con los sentimientos, lo que mueve el mundo, ese Mayflower que se toma como último asidero para continuar estando, por el que se espera lo siempre inesperado y por el que se han hecho siempre locuras. Se vive un mundo al que, (no queda otra) hay que amar por quien se ama, aspirar a mejorarlo porque quien se ama lo habita, y desearlo como se desea a quien se teme perder porque nada dura eternamente, como dice el bolero. 
Mucho me han hablado este año de desamores... Les comento que en el amor está inscrito el desamor como las placas en el caparazón de los galápagos, como las huellas de una pintura en la pintura, como el texto en el palimpsesto. Aquella caricia que tantas hormonas le desbarataron, mañana le dejarán indiferente, y su rostro no será ya su rostro, ni su despertar el suyo. Y no lo habrá hecho la cirugía ni el psicoanálisis, lo habrá efectuado la propia vida, el simple hecho de vivir. Y vendrán otros labios y otros dedos que satisfarán deseos de orfandad sensual y sentimental convirtiéndose en musas existenciales.
Somos Ulises permanentes en constante viaje huyendo hacia el Paraíso sin detenernos a apreciar los diminutos y estimulantes paraísos que nos encontramos por el camino, éxtasis carnales, camino de perfección. De la carne al Paraíso mundano, o no, de la voluptuosidad al Parnaso antes de ser destruidos por cualquier desaprensivo de la vida que no se ha extasiado viendo El origen del mundo, de Courbert.
¿Quiénes somos?, ¿a dónde vamos?, ¿de dónde venimos?, ¿qué debemos hacer con nuestra vida?, son las preguntas que cualquier deseante de la casta de Los Sonámbulos debiera responderse antes de que den las doce campanadas de todos los años.
Y al final, como alguien pudo escribir: la vida cruel, sanguínea, carnal, voluptuosa, la vida y su dolor y sus sonrisas, estaban allí, encajadas como un sexo a otro sexo, como la boca a otros labios... mientras sonaba Tom Waits en el tocadiscos...

domingo, 30 de diciembre de 2018

FINALIZANDO EL AÑO


Siempre el gran azul ayuda a resetear la mente, recobrar el sentido de las cosas, de los movimientos que efectuamos en las ciudades con voz de lluvia, o aquilatar esos besos que nunca se dan dos veces de la idéntica forma a la misma persona... De alguna manera, con esa inmensidad frente a frente, somos habitaciones con vistas a imágenes que deseamos. Una vez son cuerpos con sus ventanas que cuesta abrirlas, otras son balcones que incitan a mirar por ellos esas vistas tan lejanas y a la vez prestas a entrar por nuestras pupilas sin descuidar el más mínimo reflejo del agua que huele a salitre ajazminado. En ocasiones, cuando las ausencias son interminables, las sombras vuelan como un insecto cada vez más oscuro por sus dependencias sin resistirse el aire a su demencia. Abandona el pensamiento sus alas con las manos del mendigo que vive en los suburbios de un recuerdo almacenado sin goma de borrar a su alcance... 
El destino nos busca con sus remembranzas que a veces huyen de los rostros depositados como si fuera un nido sin canciones, sin gestos, borradas fechas de árboles inexistentes. Y es que lo excesivo es tan espectacular como poco interesante cuando se ha visto un par de veces...
Hace años que me resuena una melodía que nunca he escuchado.

viernes, 21 de diciembre de 2018

INVIERNO AÚN OTOÑAL


En ocasiones, las calles se vuelven elásticas, ¿no lo has notado?, me preguntó alguien en una ocasión. Y los demás estamos allí, bajo cables, lámparas, hormigón... pero las calles son flexibles, ajustables, acomodaticias a como nosotros las hemos transformado... Y me hizo pensar. Más aún cuando veía a golondrinas amenazando fachadas imposibles para consuelo de los otros. Y sentí entonces esa elasticidad, ese laisser faire al que tanto le cuesta al humano acostumbrarse. Será por eso que me gusta mirar el gran azul, observarlo en invierno, vislumbrar el arcaico crepúsculo semejando a ese inesperado visitante al que acabas acostumbrándote  por mucho que te provoque distancia y lejanía, y que tras dejarle pasar acaba siendo la gaviota a la que extrañas cuando en las mañanas no viene a despertarte al alero de tu balcón... Y pienso: Hasta otra vez...o hasta nunca, recordándome aquella mirada, aquel roce, aquel viento que todo se lo lleva y se desintegra...elásticamente, no acabando de irse, asiéndose entre una palabra y otra, penetrando una pupila en otra..., un sueño en otro. Hay días en que ni siquiera lo imposible tiene razón de ser...Y aún así, el Sonámbulo lamenta no haber sido ave marina para hablarle a la gaviota y subir sobre su lomo para adentrarse en las perezas que emocionan. 
Hay cosas que solo se tienen cuando se dan, como las gracias, o como el amor...ése que rueda lo mismo que una piedra por los despeñaderos de la noche y se palpa la hermosura de una piel que huele a quien la posee, mientras se entrega a la afásica memoria, activa amnésicamente  con la carcoma de la soledad que engrandece el misterio. 
La vida es ambigua, siempre lo es, siempre debe serlo, sorda a los oráculos, quemante al fuego del salmista que distancia al funeral del desamor de la providencia del deseo inveterado.