lunes, 17 de abril de 2017

EN VERDAD


Siempresiempresiempre, lo que vale es lo vivido, nunca lo imaginado o pensado. Aún más, lo que hemos conseguido con el esfuerzo. Y si me apuran, lo que al principio se nos repudió, anatemizó o despreció. Nunca lo fácil ha sido buen ejemplo. La vida es sumergible o no es nada. Como el amor, que a algunos la vida solo les proporciona aperitivos, nunca ese gran plato que por su sencillez pero con los ingredientes y materia prima se premia con la Michelín de la vida, la única que se consume mientras se come ávidamente, como ha de hacerse.
Hubo un tiempo en que se hablaba en demasía de la "gente guapa". Ahora no tanto. Es más época de influencers, de socialités. Realmente creo que se trata de lo mismo, de personas que deben compensar sus infinitas carencias con la superficialidad de desear ser seguidas, como si fueran flautistas de un Hamelin sempiterno, espejismos, señuelos iridiscentes, maravillas que ocupan un espacio momentáneamente... Y no. Siento lástima por ellas, por no haber podido cumplir su sueño de sentirse representantes de algo... de lo que fuera. En lo más profundo de su ser descubren un día, bendito día, que la lozanía se va y que esa belleza juvenil ya es inexistente, que el dinero no consigue lo que vale demasiado para ser vendido, que aquellos en los que creyeron ya no están y están ahí varados, en silencio, sin esa mano que ayuda a cruzar el río que separa los pronombres, como alguien me dijo un día.
Solo cuando adivinen que existen llamas heladoras y hielos quemantes conocerán verdaderamente el valor de sí mismos y podrán aceptar la decadencia que a todos acecha, a todos. Y posiblemente entonces descubrirán el amor que nunca buscaron porque adolecían de su significado. 
Al amor hay que entenderlo, desencriptar sus mensajes cifrados, de manera demorada, sin prisas, como cuando se viaja y no se turistea...

viernes, 14 de abril de 2017

DUDAS QUE SIEMPRE SERÁN EXCELENTES


Me contaba una persona atormentada que si no  veía a su amada en varios días pensaba que le estaba sucediendo algo preocupante, no a ella, sino a él: Y sabía qué era: no verla. Y es que amar es una perturbación que solo perturba menos que no hacerlo, que no amar, que no poseer la posibilidad de hacerlo. 
Amar no siempre debe ser querer, que es un verbo más asfixiante, menos liberante, que las más de las veces precisa pocas palabras y que incluso el silencio beneficia su diálogo, en el que las miradas conversan sin tiempo fijo, dejando pasar las horas y favorecer pensar en el futuro, que sin él no hay ni presente. 
Soy de los que creen que amar es un verbo que nunca pasará de moda, siempre será trending, aunque solamente sea por esa avidez sensorial con deseo creciente y errante. Probablemente será porque pertenece a la especie de versos transitivos, ¿será porque tras...cienden?, ¿o porque tras...tocan a quienes lo alcanzan?. Será, quiero creer, porque es de los que se tatúan como sonámbulos en la piel y en la carne hasta tras...pasarla y quedarse en ella para siempre...o casi siempre.

lunes, 10 de abril de 2017

VA POR TÍ, MAESTRO.

Alberto Carrera Blecua presentando "sus Goyas" en el Museo Goya de Zaragoza hace dos años,  una magnífica exposición monográfica en donde expuso 57 obras inspiradas en el gran pintor de Fuendetodos.



Hoy hace un mes de su total desaparición física, y hoy mismo, casualidades de la vida, releía Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935), que me encanta desde que se le oí recitar a una octogenaria gitana sevillana este poema del gran Lorca (y a Alberto no le gustaba el mundo de los toros...) hablando a la par que golpeaba con su puño la mesa para acompañar cada párrafo, cada suspiro, creando un ambiente ensimismantemente magnífico. 
Cada estrofa que mis cansados ojos juntaban con la siguiente, me recordaban a Alberto, artista en toda la extensión de la palabra, bohemio, en toda la extensión de la palabra, amigo, en toda la extensión de la palabra. 
Alberto era ese creador al que le gustaba el desafío, tanto que posiblemente no se había nutrido  como hubiera sido de esperar por negarse a introducirse en el mundilllo del glamour que rodea el arte, la moda de qué debe pintarse la temporada próxima o de que si se acercaba a pitita o menganito vendería o expondría más y mejor. No despreciaba pero veía excesivamente mediatizados  los bostezos de ladys y señoras de.
Alberto pensaba y reflexionaba en cada brochazo que daba, sin esterilizar un instante su pensamiento que diera lugar a lo que próximamente podría salpicar en el lienzo, la textura más difícil de conseguir, o lo alocado que pudiera haber sido en el pasado sin saber que el tiempo se va y nunca regresa como deseáramos... pero éso queda entre él y yo.
Alberto no era de medianías. O te quería o no te quería. Y ya está.
A Alberto le esperaban varias exposiciones que ya nunca serán, y muchas temas que trasladar a sus telas, experimentar con sus ocres y azules como nadie sabía hacer cuando se sentía feliz y escribía sobre ellos frases, palabras, que decían tanto a quien iban dirigidas...
Alberto y yo, otra casualidad de la vida, nos amigamos tras conocernos hace más tiempo de una manera informal, pero lo fue realmente tras regalarnos libros. Yo le reconocí enseguida. Sabía que era de la casta de los Sonámbulos y le regalé Los jardines secretos de Mogador, y En los labios del Agua, de ARS (otra casualidad, se llama Alberto Ruiz Sánchez su autor). Pronto me llamó para que habláramos largo y tendido de todo y de mucho. Luego él me regaló Libre mente, de Sabater. Y volvimos a hablar largamente. Tras este episodio, nuestros diálogos eran frecuentes, muchas veces intempestivos y siempre inteligentes, aunque fueran con sms de extrañas simbologías y textos aún más incomprensibles para quien no le conociera y sintiera lo que estaba sintiendo en aquellos mismos instantes, tétricos frecuentemente, sombríos, como los de su colega...
Hoy hace un mes que la carretera se saldó un nuevo cofrade a su procesión de duelos malditos, una carretera a la que sus vecinos hacía años comentaban que era muy peligrosa y que ya se había tragado otros humanos... pero imagino que los señores del 3% o quienes fueran en ese lugar, no les creían.
Alberto, Carrera Blecua para los que disfrutan con el arte, desapareció hoy hace un mes, y espero que se haga algo por no olvidarlo, porque esta tierra nuestra que tiene tan frágil memoria para lo que importa despierte de su letargo y homenajee espontáneamente, sin simbologías ni adherencias al uso que cada vez significan menos, sino con la gente que le quisimos, sus familiares a los que amaba apasionadamente,sus amigos de una u otra frecuencia de sentimientos, y recuerden en su hipocampo cerebral a uno de esos grandes artistas que tenía dispersos y se enorgullecían por haber sido nacidos en donde sí llegaron al mundo. No basta ir a su funeral para ser vistos...hay que ejercer de lo que se es.
Hoy, ahora, tengo entre las manos el último libro que escribió un gran esquizofrénico, Leopoldo María Panero, Danza de la muerte. Y alguno de sus párrafos le van a Alberto, de la misma forma que nos van al 99% de los humanos  que sentimos la vida como la hierba de los prados, que hoy es y mañana no aparece.
Quería escribirte, Maestro, y espero que te llegue la despedida, aunque nunca se sabe...igual nos encontramos un día de éstos en algún onírico viaje por África o por Asia tomándonos unas cervezas, y nos contamos nuestras cosas, que cada vez son menos dogmas y más tolerancias encubiertas de arrugas y pelos canos. 

PRIMA VERA


Alberti escribió Golfo de sombras en el invierno de su vida. Leerlo es notar que seguía impregnado de juventud, de futuro poco cierto, y poseyendo el siempre deseante misterio de conservar el agua en el puño de la mano. "Aquella noche tenía alas..." escribió. También habría podido escribir que nada de lo que es nada continúa, que el tiempo derroca lo que no tiene profundas raíces a las que asirse, y que a las raíces hay que alimentarlas, y que el jardinero es tan importante como la planta en sí. 
Recomiendo vivir el momento, la unicidad, lo irrepetible, como el ahora que yo escribo y usted lee. Cada instante vivido, más que un cuadro, es un museo de detalles únicos. Deben atraparse en todo su esplendor: nunca más se repetirán. Más aún cuando el tiempo es la primavera sanguinaria de los bosques, que se despiertan, los animales despiertan de su letargante existencia invernal y se alimentan del rocío. Es buen período para pasear, integrarse en la naturaleza, hasta la de las ciudades,  y buscar a sus habitantes, ésos que cuesta hallarlos sin su abrigo artificial. 
Decía Neruda en su Extravagario que lo que se ama hay que hacerlo sin medida como un beso, que se sabe , o no, cuándo comienza pero nunca cuándo finaliza...

jueves, 6 de abril de 2017

CASTA DIVA


Si se detuviera el mundo para dejar apearse a los que no desean caminar por el sendero que han elegido, probablemente sería un acto de justicia, y no poética precisamente, sino de consonancia con lo que desean. Y es que hay carreteras que no se han construido para seres que ignoran lo que significa caminar, literalmente hablando. 
Viendo cualquier cuadro de Vermeer, por ejemplo, es indiscutible imaginar que la tranquilidad, el sosiego, exista; de igual forma que escuchar a la Callas cantar Norma excluyan la  teoría de Hans Berger de que según él algunos tonos musicales despiertan la actividad del cerebro mediante las ondas alpha, que contienen una frecuencia de la que surge una actividad electromagnética que activa sensaciones de las células cerebrales del tálamo. El investigador Berger, que desarrollo la encefalografía en los seres humanos, descubrió que estas ondas alpha se originan en los periodos de relajación y que se refuerzan con los ojos cerrados, probablemente porque así dispuestos el aislamiento es más completo y la imaginación suma enteros a la vida.
La memoria nos deja huérfanos con excesiva frecuencia, de igual forma que los sentidos, si no se usan, no descubren su función. Son como el silencio del erizo en el que muchos habitan, abriéndose a una locura distinguidamente suspirante pero estéril. 
Alguien dijo en una ocasión que el agua tiene cicatrices de besar piedras, arañazos de musgos olvidados, heridas saladas que se curan y laceran intermitentemente. Y lo creo; como esas masoquistas citas a ciegas que traducen la desesperación y el escaso valor por uno mismo que puede llegar a poseerse. Hasta para esos acantilados de consternación debe poseerse la iniciativa de cambiar de camino, porque los silencios también poseen dueños añorantes de otros sueños envueltos en cotidianeidades sin explorar.

sábado, 1 de abril de 2017

MITOLOGÍA GRIEGA, QUE SIEMPRE ENSEÑA SI SE DESEA APRENDER



«Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura el regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito». 

Como si fuéramos los lectores de aquel anuncio escrito por Ernest Shackleton (carismático viajero y explorador irlandés, que resultó un absoluto fracaso, pues ni siquiera lograron acercarse al continente antártico, aunque se registraron más de 5000 hombres...) en la página de anuncios del Times de 1907 con el fin de explorar el Antártico, el humano se apunta a lo más insospechado en cuanto su hedonismo le sugiere que es un soplo la vida y que, como el tango de Gardel, errante en las sombras busca y mira y en ocasiones hasta encuentra el objetivo para lidiar esa vida que en ocasiones no se sabe cómo darle sentido sin decir cual March, Don Groucho, "paren el mundo que me bajo...".

Me han dicho demasiadas veces que la soledad les era insoportable, que las pérdidas no sabían ya cómo asumirlas, que el eco de las miradas resonaban excesivamente fuertes en el interior de sus mentes sin perder la cordura..., que me he visto en la obligación de decirles que existen tantas soledades como personas solas, y que la soledad, como algún otro sentimiento, se perfecciona por el uso, y que la soledad es la única forma de crear. Y lo asumo. Como también afirmo sin lugar a dudas que el humano es excesivamente exigente porque ha conocido el deseo, el amor, y su antítesis no figuraba en las asignaturas de la vida, éso que siempre es echar de menos para su persistente exigencia inmoderada que le gobierna más que los dogmas. 
La vida, como dejé entrever en el último de mis mensajes, es mudar, de destino, de rutinas, de tipo de lectura, hasta de compañeros de camino, porque cambiamos constantemente sin apreciarnos de ello, aunque la vida sea siempre un retorno (diferente...) a los confusos centros en donde Eurídice medita sin haber podido sortear a Caronte, Cerbero o al dios Hades.Y aún siendo todo un mito, a ella acudirá Orfeo, sucumbiendo cuando todo lo tenía ya conquistado. Y es que hasta en la mitología griega, el hombre era bastante ¡cómo decirlo!...¿desequilibrado?, ¿o será como decía Cervantes : en la vida, el camino vale más que la posada...?. 
Se admiten posibilidades.

miércoles, 29 de marzo de 2017

EN EL ALMA


Le contaba a ARS cuántas personas he recomendado, y han ido, a Mogador a dejar allí sus penas, sus malos recuerdos, y dejarse atrapar de sus sueños paradójicos, ésos que deben interpretarse de forma asfixiante, como la última inhalación, el concluyente vestigio de oxígeno que alimenta el pensamiento y le obsequia con la verdad más absoluta a la que nunca antes había pensado que existiera. 
Hoy le añadiría que esa verdad es la mujer desnuda vestida de tatuajes que al caminar queda despojada de cualquier aditamento y matiz que dibujara su anatomía creando ese jardín efímero, desvanecido y fugaz que alimenta cualquier introspección. 

Mogador se lleva siempre en el interior tras haberlo conocido, con ese secretismo que genera el placer extremo, el hedonismo más insondable al que pocos pueden llegar, como ese jardín secreto en los ojos de quien sabe ver lo que otros nunca podrán siquiera imaginar.