sábado, 31 de julio de 2010

JARDÍN CANÍBAL.


Gilles Clément dijo que viajar nutre a un jardinero más que un sabio tratado de jardinería. Posiblemente todos los que acuden a Mogador han leído a Clément y no necesariamente son jardineros, aunque sí hayan leído Los jardines secretos de Mogador, de ARS, y se han doctorado en Sonambulismo tras haber conocido al ciudad del deseo, la de los nueve vientos que anuncian la salida del sol.

Hay un párrafo del libro (hablando del jardín caníbal) que siempre me ha obligado a volver a él, releerlo e imaginar escucharlo de labios del autor. Dice:


Sabes que quiero ser como esos murciélagos y comer tus frutas. Y si es necesario voy a pelear por ellas. Sabes que quiero ser esas ramas estranguladoras que te rodeen con hambre y suavemente de devoren. Pero también quiero que tú seas ellas sobre mi tronco. Sabes que mis deseos de tí me estrangulan, me convierten en escalera por la que subo hacia tí plenamente.


Os recomiendo leer el libro. A poder ser, de noche, con solamente una luz acariciando la lectura y sin ningún aditamento sonoro que pueda distraeros. Si además es en un mes cálido, por ejemplo, agosto, y cerca del mar... será perfecto. Si en tierra adentro, es recomendable colocar un vaso con agua, a poder ser con un ramillete de menta fresca dentro.

Y a disfrutar...

viernes, 30 de julio de 2010

DESCUBRIMIENTOS.


Aquella noche soñó que habitaba en el país de Alicia: "Si aspiras a vivir tú, deja que mueran las palabras. En tí ellas sustituyen al color, al sabor, a los aromas. Te mueres de hambre porque sólo ves naturalezas muertas muy bien pintadas, pero nadie te oferce comer. Un menú no es un banquete; saber la fórmula del agua no te saciará la sed; conocer qué son los estambres y los pistilos no te llevará a su aroma".
Adentrarse en la vida es como penetrar en el mar, descubrir que cada ola es distinta a la que antes lamió tu cuerpo, que intuye pero no reconoce, calma pero inquieta no saber con certeza cómo será la siguiente. Todo descubrimiento.

miércoles, 28 de julio de 2010

EL VIENTO.


Mogador es una ciudad de voces que resuenan, como dice ARS en Los nombres del aire, y sus murallas son como los labios que amplifican y modulan su canto. Y sobre cada una de las 666 torres que tiene la muralla, un dragón hueco de piedra, que gira con el viento como una veleta, recibe los ruidos de la ciudad y los transforma y modula para que todo aquel que llega a la ciudad nunca olvide este sonido.

Fatma solía pasear por la parte más alta de la ciudad deteniéndose cada vez que el viento alborotaba sus ropas. Entonces se ensimismaba en cualquier cosa que tuviera al lado, en una especie de diálogo de asombros que le llevó también a Kadiya y el recuerdo de su conocimiento en el hammam. Como ya se ha dicho en algún episodio de este blog, los hammam son el espacio donde la imaginación corre a mayor velocidad, donde cualquier mujer que deseara debía acudir. La transcendencia que Fatma daba a los pensamientos podía ser superpuesta al destino, puesto que un destino siempre debe ser comparable a nuestra identidad, nunca obviada a las experiencias particulares, las que nos califican como individuos, como únicos.
Desconocía Fatma lo que un erudito del renacimiento francés llegó a decir: " Cada uno es heredero de sí mismo". Y así era, así es. Ella nació y creció para ser fruto y esencia del deseo, sentir cómo todos los días que paseaba junto a las murallas, el viento la poseía, envolviéndola de abajo a arriba, susurrándole sus mensajes de quien partió por el Atlántico hacia búsquedas misteriosas. Y tal vez por ello, iba liviana en su vestir interior, para que la posesión sensorial fuera más estrecha, menos superficial, más profunda allí donde el control se pierde, y mientras se le cortaba el aliento instaba a sus pensamientos que le regresara pronto, o que como dijera Ahmed, la eternidad la amparara.

domingo, 25 de julio de 2010

CALMA.

Todo humano desea ser acogido con calma, como lo fue la creación de Mogador por marinos deseosos de un puerto que los recibiera con calma. También se dice que fueron caravaneros que cruzan el Sahara anhelando también un lugar de arribo y temporal recogimiento.
El ser humano necesita encontrarse consigo mismo, con su eterno pasado y con su potencial porvenir. Hace años nos sorprendían las "huídas" de aquellos hippies que se conducían a India en busca de su autoconocimiento. Hoy son sesudos ejecutivos en haciendas alejadas de la ciudad, quienes intentan por todos los medios acercarse al nirvana por el que deseperan y del que huyeron en pos de dinero y fama. ¿Son yuppies fracasados y recuperados para la existencia o es simplemente un espejismo almibarado?.
Lo que sí es cierto es que los de la casta de los Sonámbulos crecen en número, y que su concepto existencial es progresivamente seguido por más adeptos que han encontrado esa luz de la que ARS comenta en sus escritos, esencialmente en Nueve veces el asombro, donde relata que Mogador, al mirarla, es imposible no apasionarse por ella, y de paso enamorarse de la persona que se tiene al lado.
De alguna manera, Mogador deja una huella indeleble. Nadie va a ella de paso... Dicen que una lengua antigua traduce su nombre como "lugar donde aparece el destino", donde se hace visible de pronto el sentido de la vida, porque toma el cuerpo de un deseo ardiente por una persona.
Las mujeres mogadorianas se caligrafían sobre el pubis el incendio que ha consumido o transformado suss vidas amorosas. Ellas están tras la llama... son la llama.
Los Sonámbulos hace siglos que viajan por otras tierras salpicando sus fijaciones hipnóticas, contagiando con su mirada otras conciencias, salvando mentes de vacíos existenciales.

miércoles, 21 de julio de 2010

INENTENDIBLE Y COMPRENSIBLE.

Cuenta el protagonista de En los labios del agua, que cuando escribe sobre Aziz y Hawa, sabe, y reconoce, que habla también de él, porque él es... él. Afirma que siente celos porque Hawa es también la suya, la que le sedujo, la que amó hasta su muerte. Sin embargo, no odia a su contrincante, su rival imaginario. Se ha introducido de tal forma en su mente que son dos los Sonámbulos que habitan en uno mismo. Escribiría más sobre él, pero algo interior me lo impide, me exige que a quien lea este blog se dirija al texto y se impregne de ese capítulo, el tercero, el que habla de los orígenes de los preludios que crearon el deseo, y que finjan no sentirse interesados al leerlo para que la duda les incite a volver a leerlo de nuevo y gozar de la esencia de sentir que el tiempo se detiene y que alguien desde lejos le está acunando mientras le tararea una canción que no posee música, solamente letra, inentendible y en cambio comprensible con toda su intensidad...

domingo, 4 de julio de 2010

AZIZ Y LOS DE SU CASTA.


En Los nombres del aire, ARS cuenta cómo Aziz escribió el libro homónimo y cómo aquél reconoció a los integrantes de la casta de Los Sonámbulos, aunque Aziz no los nombrara. Dice que son hombres y mujeres con imaginaciones entretejidas, creando otra realidad en el mundo, la realidad de sus deseos, que son los que movilizan sus acciones, sus cuerpos. Habla en él del mundo de sus sueños, sentimientos intensos más que certezas, una dirección del movimiento del cuerpo más que una certificación familiar. Dice también de los integrantres de la casta que no somos una secta, una raza o una sociedad secreta, aunque tenga mucho de las tres. Y sí tiene más de enfermedad genética y de delirio comunitario. Pero es más de misterio compartido por hombres y mujeres de diferentes tiempos y lugares.
Sí, yo también creo que la intensidad y la amplitud de la casta no depende del lugar ni del espacio ni mucho menos del tiempo en que se viva, depende de cómo se ve el espacio, el tiempo o el lugar en que se habite, cómo se interprete la vida y cómo su intensidad, o lo que otro que pasaba por allí dijo, más lo intenso que lo extenso.
Los calígrafos de Mogador, cuenta ARS, necesitan pertenecer a una silsila de calígrafos, o lo que es lo mismo, una cadena espiritual que se remonta a varias generaciones, no necesariuamente emparentadas entre sí, pero relacionadas por la sustancia de su vocación de artistas de la escritura. Aziz encontró una silsila de deseos, una cadena de seres tocados por el mismo espíritu deseante y la llamó casta de Los Sonámbulos.
No son fáciles de convivir pero nunca de molestar ni hacer malgastar vidas porque saben de la duración tan escasa. Los Sonámbulos prefieren saber que están ahí unos y otros, y que nutrirse de los conocimientos por saber es el tesoro más grande al que pueden acceder por ellos mismos.