domingo, 19 de febrero de 2012

ELLA CRECÍA JARDÍN.



Recuerdo hoy una de las historias que el halaiquí contaba en la plaza del Caracol, en Mogador, la ciudad del deseo. Se refería al jardinero nómada, aquel quien huelló la vida de Jassiba y viceversa, porque ambos se encontraron navegando diferentes sensaciones hasta que coincidieron en la confluencia de una palpitación.

Jassiba era una devota de las cerámicas y sentía que su embarazo era, como dice ARS en Los jardines secretos de Mogador, una mano invisible de alfarero modelando a veces con torpeza y sin paciencia pero siempre con un interés obsesivo en el destino de sus formas. Había ido apreciando en su cuerpo la Marea de las nueve lunas, o cómo se formaba una tienda en el desierto influenciada por el viento, cómo ríos y lunas se mezclaban, o dónde confluía el lugar donde se ata y se desata, y cómo se producía la catarata de sombras. Jassiba había visto como su alfarero la metamorfoseaba. Ella crecía jardín. Ella se hacía flor. Y todo él, su amadoamante se acercaba a ella de la única manera que podía hacerlo, ciego de otras sensaciones que pudieran enturbiar el contacto con su aroma más interno, más puro.

sábado, 11 de febrero de 2012

TODO GIRA EN TORNO A UN SUEÑO.



Un gran escritor escribió hace cientos de años algo que todavía permanece actual, como tantos y tantos pensamientos realmente humanos y sin embargo trascendentes: "Estamos hechos del mismo material que los sueños, y nuestra vida gira en torno a un sueño...".


Enfrentarnos a nuestra propia realidad, las más de las veces, es complicado. Por ignorancia o torpeza resulta de una opacidad extrema saber qué hacemos aquí... por qué... para qué. Y tiene que aparecer un conflicto, cuanto mayor mejor, para acertar las respuestas por sí mismo o , encontrar a alguien con quien descubrir el dilema de toda una vida.


Y sí, todo, en realidad, es un sueño, como dijo Calderón, otro lúcido. Y solo al despertar lo aprecibimos en toda su extensión, en toda su densidad.


A los que en muchas ocasiones se nos ha comentado tal pensamiento, una vez más nos ha corroborado la insensatez de la cantidad, lo fútil de lo excesivamente mundano, lo determinante de percibir y comprender lo que a simple vista es imposible ver.


Los Sonámbulos aman a la vida con arrojo, y a veces con cierta intrepidez, porque conocen la muerte. Saben que amar implica haber conocido desamar (que no odiar) de la misma forma que sus mentes no se aferran jamás al futuro porque comprenden la naturalidad de todas las cosas.


Cuentan que un monje zen vivía en lo alto de una montaña. Una tarde llegó hasta él un ladronzuelo cuando él estaba en el bosque. Tras revolver su estancia se apercibió de que no tenía nada que robar. Al salir, el monje le detuvo.

-Has venido hasta aquí haciendo una larga caminata. Llévate algo.

Así que se desnudó y le dio sus ropas.

El ladrón salió corriendo, y tras ese episodio, el monje se sentó desnudo en una roca para contemplar la luna.

-Pobre hombre-musitó- Ójala pudiera darle esta luna maravillosa.


...

martes, 7 de febrero de 2012

CONOCERSE.

Dice un proverbio indú:

"Es mejor conquistarte a tí mismo que
ganar mil batallas. Entonces la victoria es
tuya. Nadie podrá arrebatártela, nadie
se la podrá apropiar".


Posiblemente ése era el pensamiento de aquel Sonámbulo primero que decidió ser. Eligió dar la espalda a los que opinaban sin saber, veían sin haber aprendido a mirar. Vivir proporciona lo que es siempre imprescindible para poder caminar sin levantar polvo por el camino: humildad.