miércoles, 23 de junio de 2010

PALABRAS.


"Tu voz hace sentirme azafranado" cuenta ARS en Nueve veces el asombro, que le dijo el amante a su amada, cuando comenzaron a sentirse teñidos del deseo ardiente del otro. Y es que el azafrán (zaffaraán) es palabra para acariciar. Su solo sonido al nombrase provoca deseo. Se dice que era y es el nombre de un tesoro, y también un veneno si se toma con exceso...
Los amantes se miran con los dedos pero se dibujan y se tocan con la boca. Los amantes se escuchan incluso a través de sus silencios. Por ello cuando verbalizan palabras rebuscadas en su disco duro cerebral eligen las que mejor tonalidad expresan y contagian y aturden a su amado/amada. Todo está predestinado aunque no lo admita la espontaneidad del momento, el aire que de pronto se aviva, la luz que se atenúa.

domingo, 20 de junio de 2010

ESTRATEGIAS DEL DESEO.

Fue una atracción a primera vista. Cuando abrí el poemario Estrategias del deseo, de Cristina Pieri Rossi, (de la que ya he colocado alguno de sus pequeñas grandes obras en este espacio de coloquio con vosotros) en una tarde de octubre de 2004, me enganchó. Supe que a partir de entonces, sus poemas iban a formar parte de mi vida en períodos concretos, o no, no sé. De lo que sí sabía con aplomante seguridad era que había redescubierto a una gran estudiosa del alma del ser humano. La leí en alguna otra ocasión pero, lo admito, no le presté demasiado tiempo. No era el momento. Seguro. Todas las cosas, todos los seres, tienen un momento. Que lo descubramos nos ocupa toda una vida. Solo hay que esperar...
Y fue cuando abrí en la FNAC el poemario con disciplencia no menos curiosa por la página 62 y apareció PARANOIA:
Me preocupo por tu cuerpo
tus leucocitos tus linfocitos
el páncreas la glándula pineal
y la velocidad de eritrosedimentación.
Observo angustiadamente
tu palidez
y el color de tu orina.
Temo que un agente patógeno
-un virus, una bacteria maligna-
lo deteriore lo destruya
como un terremoto
un aluvión
una guerra
otra catástrofe cualquiera.
Todos los días pasan cosas así.
Todos los días muere lentamente
lo que más amo.
Tras ella siguió PARANOIA II, PERFUME, ADICCIONES , EXUBERANCIA, LE DIGO A MI SEXO, ONCE DE SEPTIEMBRE, MADRID 11 DE MARZO...
Lo he prescrito a muchos Sonámbulos ya, y hoy también lo hago, tras releerlo una vez más, con múltiples anotaciones mías sobre los márgenes, con post its de colores separando los mejores poemas ayer de los óptimos hoy, con mi olor sobre sus páginas levemente amarillentas impresas en A & M Gràfics, S.L. de Santa Perpètua de Mogoda, provincia de Barcelona, como todos Uds. saben.
Qué disfruten.

sábado, 19 de junio de 2010

Kama Sutra

Todos Los Sonámbulos conocen el Kama Sutra de Vatsyayana, el clásico, el que todos lo copian y que fue concebido a orillas del Ganges, en la ciudad de Varanasi, o Benarés, allá en el siglo III. Bañarse en él, lo compara ARS con hacerlo en el río del erotismo, donde unos navegan y otros naufragan...
En India se dice que hay tres metas en la vida: trabajar y alcanzar el bienestar; meditar y alcanzar riqueza espiritual; y hacer el amor y alcanzar la felicidad más profunda. El Kama Sutra se entiende mal por aquellos que solo ven su propia nariz; es un tratado de búsqueda del placer sobrenatural, alcanzar lo sagrado, respetando a con quien se hace el amor, tejiéndole con su hilo de deseo hasta que el amizcle es solamente uno y la posibilidad de separación de sus cuerpos imposible.
También los tratados árabes hablan de la búsqueda de la perfección amatoria. En concreto, Ibn Hazm tiene pasajes muy interesantes al respecto. Curioso. Dos culturas tan lejanas entre sí y tan próximas en la veneración del deseo...
Los Sonámbulos prolongan el tiempo de la ejecución amatoria. No quieren que se agote la sensación única de tener entre sus brazos, entre sus piernas, entre sus ojos, lo que les hace brotar cada mañana para continuar buscando la verdad.

domingo, 13 de junio de 2010

DIBBUKS


En el libro de ARS, En los labios del agua, se habla de los dybbuks, leyenda que en algunas culturas atribuye a almas perturbadas de seres que murieron sin haber cumplidos sus destinos y regresan a la vida encarnados en otros para así culminar su obra. ¿Podría ser el deseo de Los Sonámbulos almas que regresan para recobrar aquella felicidad de la que no pudieron probar en otra vida...?.
El deseo nunca será la culminación siempre será el puente para llegar a... a donde se anhela llegar o a donde se niega acceder para que persista, para que no muera y se torne estatua de sal. Los Sonámbulos propagan, sí, el deseo, el complemento indirecto que anude la frase del amor. Como bien dice ARS, Los Sonámbulos somos siempre piezas de una apuesta mayúscula aunque creamos ser protagonistas de escenas en las que somos tan solo un detalle insignificante del decorado.
Mantengo que el deseo es consciente y que el deseante sabe de su intoxicación caducante o perpetua. Tiene la intención pero desconoce si también la capacidad para entender los diferentes lenguajes que se hablan por todas las tierras donde dos seres humanos se encuentran, se miran, se saludan y olvidan olvidarse. ¿Existe una traducción fiable de los idiomas del deseo...?...¿o es un diccionario oscilante el de los deseos, para subrayar la incierta disponibilidad de ambos: el deseante y el deseado...?. Es interesante persistir en la búsqueda del significado real y Los Sonámbulos sabemos qué dybbuk nos ha tocado vivir, tal vez... para otros.

domingo, 6 de junio de 2010

UNA VUELTA MÁS.





Me afirmo cada vez más en la necesidad que debiera tener todo humano en velar algo su existencia para subsistir. Y digo "debiera" porque evidentemente no lo alcanza a la sazón de lo que veo y oigo. Siempre, todas las civilizaciones han colocado un tamiz al que, en la mayor de las veces, que le han llamado cultura, en cualquiera de sus acepciones, para separar la realidad de lo que "debiera", (otra vez sale el condicional dichoso...) ser. Quieren la verdad.
Cualquiera va en busca y captura de la verdad sin saber que la verdad no es de nadie: solo podemos descubrirla, no crearla, no inventarla, por mucho que políticos y financieros se obstinen en querer hacerlo, ¡y menos ellos, que hacen todo lo posible por prostituirla!. Dice un refrán que la verdad es un espejo roto en mil pedazos. Y lo creo. ¿Por qué lo más cierto proviene de la sencillez...?
El ser humano siempre se refugia en aquello que le place porque en el fondo es un hedonista recalcitrante, hipócrita sí, aunque sin necesidad, porque cuando su soledad le pregunta no puede engañarle: le conoce demasiado bien para no intentar engañarle. Es por ello que la cultura, el pasado y el futuro, le conduce a la esencia de lo que un día oyó que profesaban algunos aislados de lo imperante, de la algarabía sin clase, de la rutina sin finalidad, los nunca descatados, los siempre discípulos de la casta de quienes nunca podrían autoengañarse, Los Sonámbulos. Aquellos que, como dice Jassiba, viven bajo el dominio de lo invisible en el amor, siempre deseantes pero nunca convencidos de haber alcanzado lo que se desea. Saben que el deseo es una búsqueda, y tal vez en ello resida cierta perfección de su espíritu, que lo radican en el momento, lo perfeccionan maduramente, en nada simulando piterpanientes, epidemia perdurante en nuestra sociedad, que no atiende al tránsito sino a lo estático, también en lo mental. Son Los Sonámbulos vidaejercientes, seres sin complejos que expulsan la manipulación del ser humano, del viviente.
Feder, otro sonámbulo que estuvo en Mogador, me hablaba de sus noches mágicas contemplando aquellos ojos que nunca vio ni nunca volvería a ver. Y me sentía feliz, me decía, porque mientras yo los contemplaba, ellos me miraban. Vivía el momento de la aurora como la última razón de la alegría, aceptando que en el río de la vida sonámbula no se nada contracorriente: él nos lleva; el éxito radica en dejarse llevar con alegría, no en programar nuestra dicha, que en este negociado prima el corazón, no el cerebro.

martes, 1 de junio de 2010

NUBES y DESEOS.


Cuando la atmósfera está pesada, como hoy, intento leer En los labios del agua, de ARS. Se auna la intención y lo absolutamente incierto. Su capítulo sexto es intranquilizadoramente sosegante. Te sumerge en la relación de Aziz con Maimuna y resulta imposible no cotejarla con el mundo onírico.
Habla de la tendencia de los de nuestra casta a ser pararrayos de los deseos dispersos en el mundo, tantos y de tanta variedad que resulta una extravagancia que exista calma de deseos. Y explica, con gran lógica, que los nórdicos nada tienen que ver de los ecuatoriales, ni obviamente los occidentales con los orientales, pero todos -añade- se mezclan y cubren el cielo de nuestra imaginación con su tejido simbólico. Las nubes son, por eso, el tatuaje de nuestros deseos, su lenguaje secreto.
Ahora mismo, tras la ventana entreabierta por donde circula una ligera brisa que se va por el extremo de la casa veo ese algodonoso lenguaje desgarrado a instantes, balanceante entre el azul grisáceo y el amarillo sangriento, e intento creer que se detendrán frente a mí y me hablarán y... y es imposible, porque el desconcierto jadeante de otra nube empuja a la primera para usurparle su lugar, se enreda y desenreda, como nosotros, Los Sonámbulos, y nos anuncia que ya somos lo contrario de lo que creíamos, porque en la atmósfera deseante que respiran -vuelve a decir ARS- en la atmósfera deseante que respiran, nadie controla a nadie, nadie podría.
En el mundo en el que nosotros habitamos, los deseos siempre son apasionados, aunque se exciten delicada y no volcánicamente, como parecería tener que ser. Resulta deberse a la renuncia que se ha hecho a todo lo programado.
Mantengo, como Sonámbulo que soy, que la felicidad es lo menos programable que existe, lo opuesto a un proyecto al que un aspirante se atiene. Tiene más de espiritual que de físico, tal vez porque quien lo dice es un hombre entrado en experiencias, y el hallazgo lo escruta con mayor sosiego. Leí en una ocasión lo que escribió el sabio Píndaro: Sé el que eres, y desde entonces ha entendido más profundamente a los fundadores de su casta.

domingo, 30 de mayo de 2010

DESEOS CONCÉNTRICOS.

Dicen que los mogadorianos hacen el amor pensando que recorren las calles de su ciudad, que como sabéis son concéntricas. Y nunca es igual un paseo concéntrico, siempre posee algo que le hace saltar a otro círculo en una parte distinta del mismo, dependiendo de la presión del día, la luz que les rodea o el sonido que los mece... siempre hay algo que sorprende a los amantes porque siempre la sorpresa amorosa está en la naturaleza de la espiral y el deseo que alimenta el vacío interior, sosegado y desentendido de las perturbaciones de otros, en otros lugares que no son Mogador.
Me contaba el escritor, que la ciudad le hablaba mientras imaginaba, y que su silencio sonoro le era imprescindible para modelar sus deseos, hacerlos creibles, reales, primero para él mismo, luego para otros, sonámbulos como él. Y cuando más tarde otros habitamos la ciudad del deseo pensando que, fuera por intuición o por instinto, nos debíamos autoexigir lo que a otros nos les exigiríamos jamás, encontramos ... sentimientos; porque ahora, por fin, las emociones pensaban y las razones sentían, que todos éramos al fín la misma cara y cruz de nosotros mismos, espejo de dos caras en esa heredad única del cerebro que es cada corazón. Comprendimos, por fin, que intentar calmar los deseos mediante la posesión, como mantuvieron los clásicos, era tratar de apagar un fuego echando paja. Porque los deseos son insaciables y que lo que los adormece se adquiere en el fondo del alma, y que no hay nadie que no sienta más deseos que necesidades, ni más necesidades que satisfacciones... De ahí la impaciencia que descuartiza y anula.
Mogador es el shangri la de muchos destinos concéntricos que no han sabidopodido dar el salto a esa mirada cruzada como los arcos de una bóveda y como en postrer diálogo interno se dejan seducir por donde nada está de paso y todo se dispone para estar, donde a Fatma se la ve en cada mirada, en cada sonrisa cautiva, en cada inspiración de sus noches ajazminadas. El amante busca meterse en su sueño, ser su cautivo una noche más, claudicar a su deseo para no olvidarla y seguir deseando al nacer el alba.