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domingo, 16 de marzo de 2014

PASEAR SIN GEPEESE



Existe el placer de lo inesperado, incluso el placer de extraviarse dentro de tu propia ciudad, como una búsqueda retornante al destino que ella misma te condujo. Y aparecen lugares, sonidos que nunca antes se vieron ni oyeron, aparecen para que sepamos que parecen, que es también un modo de aparecer, de hacerse saber lo que fueron y siguen siendo. Cuando lo pienso se despiertan en mí sensaciones que me convencen de lo que alguien me dijo en el pasado, que despertarse lleva , a veces, años.  
Y me pregunto donde estaban entonces los deseos de saber, y descubro, de nuevo, que el deseo, incluso si no es deseado, echa raíces, cubre ventanas, se asoma por las esquinas, cínico y travieso, como si nada extraño sucediera cuando todo, realmente, está sucediendo. Y un día hasta el cielo y la luz son intrusos y como si se pidiera prestado el entorno, lo que para los paisajistas chinos era su máxima, su principio cardinal, se ennoblece para que, como dijo Henri Frederic Amiel, el filósofo y poeta suizo, "cada paisaje sea un estado del alma". 
Pasear extraviándose hace bosques y mares que trastornan al que no deja sorprenderse ni envolverse en olores que anticipan recuerdos de corpóreos muros movedizos , cámaras oscuras donde inician deslumbramientos que ayudan a seguir viviendo, alimentando deseos sin límites, huellas de gritos duales solamente pertenecientes a momentos irrepetibles. 
Es oportuno callejear sin reloj, sin gepeese, para que solamente la lluvia indecisa marque senderos que aferren instantes, ecos inaudibles para nadie que no sea capaz de entender que cuesta ver lugares nuevos cuando se va cargado con todo y no solamente con lo que perdura.

sábado, 7 de julio de 2012

PAUSA CREADORA


En ocasiones, en muchas, los vientos empujan a unas hojas carnosas (que los poetas describen "delineadas como labios de mujer besando" ) de la flor denominada Impaciencia Mogadoriana, que comienzan a moverse hacia el sol incluso un poco antes de que él asome su cabellera. Así describe ARS lo que otros hemos podido ver y sentir, como por el latido brusco del agua de las fuentes que comienzan a sacudirse de encima los restos de la luna. Éso y el aquel aroma indescriptible que me mahía llevado  a los templos de Brahma en India, en donde el misticismo es una asignatura obligatoria para sentir el deseo de quien llevas junto a tí.

A los que contemplan la luna, las nubes a veces les ofrecen una pausa, como la fuerte nevada que desaparece en el mar... ¿Hay otro silencio tan perfecto...?

lunes, 23 de abril de 2012

EL AHORA.


En ocasiones nos es bastante difícil separar el ahora del futuro. Cuenta una historia zen:

Un guerrero japonés fue capturado por sus enemigos y encarcelado. Aquella noche no podía dormir porque al día siguiente sería interrogado, torturado y posiblemente ejecutado. Entonces surgieron en su mente las palabras de su maestro zen: El mañana no es real. Es una ilusión. La única realidad es el Ahora. El verdadero sufrimiento es vivir ignorando el Dharma". En medio de su terror, súbitamente comprendió el sentido de sus palabras, se sintió en paz y durmió tranquilamente.

En cierta forma. este relato se trataría también de una analogía con el hedonismo, ese gran pecado capital para algunos hasta que llegan a la parada de la vejez, esa estación llena de verdades llenas y sobre todo de demasiados arrepentimientos. El Ahora debiera ser tratado con mayor reconocimiento, menor discipliencia, porque en él está el germen del mayor de los deseos, de la vida. 

viernes, 13 de enero de 2012

VIDA


Estoy convencido que nunca se sabrá el origen de nuestras ideas, el por qué de nuestros pensamientos continuados en años, cómo van y vuelven, o no vuelven y acaban sucumbiendo a otras realidades que son, o no, relatos oníricos solamente. ¿Por qué un buen día nos perdemos en mundos que nunca supimos iban a mediatizarnos?, ¿qué nos lleva a respirar una atmósfera de olores y sentimientos a los que jamás nos sentimos empujados...?, ¿qué surge en un momento entre dos seres para que sobre cualquier existencia viva a su alrededor...?.



Un libro que leí hace un tiempo hablaba de un metereólogo que estudiaba las nubes, nefología lo llamaba; y los truenos, y brontología lo calificó; y las lluvias, umbrología acabó titulándolo. De hecho, el nombre del texto era El libro de las nubes. Excelente relato de una joven mejicana residente en el Berlín de nuestros días. ¿Y cómo deberíamos bautizar el análisis de los deseos...? ¿Existe una sola palabra que acredite el estudio de esa sensación indomable?. Anhelología no se oye bien. ¿Y si lo llamamos simplemente VIDA con mayúsculas...?

domingo, 28 de agosto de 2011

PENSAMIENTOS POST LECTURA.

En La huella del grito, de Ediciones del ermitaño, en su colección, no sé si muy acertadamente denominada Erótica en este caso, aparece ARS en todo su esplendor, físicamente como puede contemplarse, y en esencia como leí en su momento y releo hoy, en silencio, devocionalmente. 
Habla de Hawa y Aziz, de su visita al hammam y de sus sensaciones transmitidas a las callejuelas de Mogador con el todavía recuerdo tatuado en sus neuronas, reflejantes del mito mogadoriano, de sus casas, de sus alcobas sin puertas, abiertas a patios interiores y éstos a su vez al cielo: donde todo lo exterior está adentro y todo lo interior está fuera, visitando inesperadamente con sus deseos cada esquina de lo natural, lo que desprende reflejos. Descubre ARS la esencia del grito en el deseo satisfecho, el calambre sostenido, el silencio sostenido por el valle del silencio sordo y ...sostenidamente intemporal. todo sostenido...Por un momento siento un relámpago por mi espina dorsal del miedo, como la calificaba el gran Félix Grande.

Decía al principio mi desconfianza sobre si el libro estaba felizmente encuadrado en lo erótico por ser más que todo ello, apoyándome en el reflejo más superficial que para mí posee "lo erótico", celofán de en muchas ocasiones un estéril advenimiento. No hay personas eróticas, ni deseos eróticos, solo personas que desean personas en sus 360 º de superficie deseante. Como tampoco hay un lecho y una penumbra ardiendo de delicadeza sino que en él se desenropa la lujuria y braman los cuerpos para dar comienzo y fin, o fin y comienzo. Solo eso.

lunes, 2 de mayo de 2011

FLOR DE AGAVE


Leí en La mano de fuego, de ARS, casi al final, el episodio de la casi muerte de Ignacio Labrador Zaydún, cuando Jassiba se inclina sobre el yaciente cuerpo de éste para darle el postrer beso en su frente todavía humana, e instantáneamente, cuando su colgante, una pequeña mano plateada típica del norte de África, tocó sus labios, surgió un sonido como un quejido brotado de aquel cuerpo inerte. El olor profundo del aceite de argano que le habían puesto en la lengua llenó la habitación y habló y habló hasta la salida del sol...
Recordó Jassiba la flor de agave, esa flor sin mesura que nace una sola vez, justo antes de morir, del agave. Posiblemente por ello en los paises mediterráneos, agave significa noble, admirable. Revela la flor una exagerada contención de energía que pugna por salir y que brota de golpe cuando menos se la espera, cuando parece que su sino es estar siempre horizontalmente estable. Cuentan las leyendas que algunas agaves han tardado más de cien años en brotar su flor. ¿No querían morir o se habían preparado exahustivamente para ese momento?.
Si se ve desde la base parece que sus hojas son manos oferentes, manos sugerentes de pedir permiso para tomar el camino de ida sin regreso. En algunos lugares del mundo se llama a la planta "Manitas dorada", en otros "Ofrecida" y también "Mano en llamas". Pablo Neruda la llamó "floración suicida", tal vez la más explícita...
Ignacio Labrador Zaydun transitó de un continente a otro muy lejano para averiguar si sus deseos formaban parte de su historia o eran producto de devaneos mentales que en nada se asemejaran a la realidad, una realidad que permanece en las calles mogadorianas, producto del retorno constante de jassibas exorbitadas por placeres sensuales provenientes de jardines secretos. Nunca le temió a la distancia, cuerda imaginaria de deseos que él aprendería a templar, sino que imaginaba sería ella su manzana, su huerto de tranquilidad, su jardín más íntimo, como diría ARS en Los jardines secretos de Mogador, y quería estar ahí dentro, plenamente, feliz como Michaux en su diminuto huerto improvisado de Mogador.

domingo, 17 de abril de 2011

UN JARDIN SECRETO EN TUS OJOS

Un jardín secreto en tus ojos, o cómo él vivió una réplica de la abuela de Jassiba, la cazadora de orquídeas. Ambas, la nieta y la abuela eran como dos gotas de agua, una desnuda y vestida de tatuajes, la otra muy revestida y quedando desnuda en cuanto caminaba. Una gritaba abiertamente por sus ojos, la otra los escondía hasta el fondo de sí misma.


Su abuela también se llamaba Jassiba, y cuenta de ella que le sembró la rareza en su interior, haciéndola una fiel sombra de su personalidad. Por éso quería que la conociera el Sonámbulo, para que supiera que su dolor sería doble si se iba de su lado. Un día le enseñó una fotografía que era la fiel imagen de su Jassiba, la que conoció en un sueño y a la que no volvería nunca más a olvidar. Vivió entre Mogador y la ciudad minera de Álamos, en el desierto mejicano de Sonora, de donde era su abuelo. Pero también anidó en Granada, en las sinuosas laderas del Albaicín, en un carmen frente a La Alhambra.


Y sus pensamientos se fueron hacia aquella vida de experiencias viajeras, de sentimientos encontrados pero siempre guiados por la fuerza del deseo, como lo perseguía hoy su nieta adosándose en el interior de los sueños de su hombre, exigiéndole a crear jardines de la nada, en la nada, con nada, para los dos solamente, y mezclar naturaleza y esperanza, realidad y quimera, jardines a la medida de sus sentidos... Nunca nadie hubiera pensado en tal posibilidad. Intuía que la vida no tenía procedencia, que tan solo lleva hacia adelante, una y otra vez, a diferencia de la muerte que conduce fuera.


Y comprendió que todo aquello que dependiera de condiciones estaba vacío de realidad intrínseca, de realidad mental, la única que verdaderamente existe en el humano. Y se acordó de una cita de Thich Nhat Hahn:




Tómate tu té con lentitud y reverencia, como si fuera el eje alrededor del cual gira el mundo.


Lenta, tranquilamente, sin correr hasta el futuro.


Vive el momento actual, porque sólo


ese momento actual es la vida.

martes, 1 de junio de 2010

NUBES y DESEOS.


Cuando la atmósfera está pesada, como hoy, intento leer En los labios del agua, de ARS. Se auna la intención y lo absolutamente incierto. Su capítulo sexto es intranquilizadoramente sosegante. Te sumerge en la relación de Aziz con Maimuna y resulta imposible no cotejarla con el mundo onírico.
Habla de la tendencia de los de nuestra casta a ser pararrayos de los deseos dispersos en el mundo, tantos y de tanta variedad que resulta una extravagancia que exista calma de deseos. Y explica, con gran lógica, que los nórdicos nada tienen que ver de los ecuatoriales, ni obviamente los occidentales con los orientales, pero todos -añade- se mezclan y cubren el cielo de nuestra imaginación con su tejido simbólico. Las nubes son, por eso, el tatuaje de nuestros deseos, su lenguaje secreto.
Ahora mismo, tras la ventana entreabierta por donde circula una ligera brisa que se va por el extremo de la casa veo ese algodonoso lenguaje desgarrado a instantes, balanceante entre el azul grisáceo y el amarillo sangriento, e intento creer que se detendrán frente a mí y me hablarán y... y es imposible, porque el desconcierto jadeante de otra nube empuja a la primera para usurparle su lugar, se enreda y desenreda, como nosotros, Los Sonámbulos, y nos anuncia que ya somos lo contrario de lo que creíamos, porque en la atmósfera deseante que respiran -vuelve a decir ARS- en la atmósfera deseante que respiran, nadie controla a nadie, nadie podría.
En el mundo en el que nosotros habitamos, los deseos siempre son apasionados, aunque se exciten delicada y no volcánicamente, como parecería tener que ser. Resulta deberse a la renuncia que se ha hecho a todo lo programado.
Mantengo, como Sonámbulo que soy, que la felicidad es lo menos programable que existe, lo opuesto a un proyecto al que un aspirante se atiene. Tiene más de espiritual que de físico, tal vez porque quien lo dice es un hombre entrado en experiencias, y el hallazgo lo escruta con mayor sosiego. Leí en una ocasión lo que escribió el sabio Píndaro: Sé el que eres, y desde entonces ha entendido más profundamente a los fundadores de su casta.