domingo, 26 de julio de 2026

UN PASADO

 


El humano tiende a recordar más a menudo lo que le proporciona tristeza, por frustración la mayoría de las veces, ésa que entiende que debe ser así y no de otra forma, que la vida surgió para disentir de su estereotipada fuerza de ser entendida. Si lo que recuerda haber sido es más que lo que ha sido, entonces ya hablamos de dolor. Si no se es lo bastante iluso como para fantasear con la idea del futuro se ha de reconocer que la vida va siendo el regusto que le deja o, en todo caso, ese tránsito implacable que sufren los recuerdos de dulces momentos en el fondo del alma. 

Realmente el caminante fue un donante de deseos anticipados. Lo reconoció en esa edad ya muy consumida, asemejada a ese simple gusano que antes fue mariposa a la que ya se le cayeron las alas con la vanidad del vuelo. Su rostro lo ve en fotografías decoloradas es ya solamente un pariente lejano de su conciencia. Recuerdos, recuerdos y más recuerdos es lo que deberían almacenar su cerebro...y sin embargo cada vez habitan menos cantidad, y si lo son se comportan de forma tan retraída como aquel pianista que conoció en el hotel de una ciudad ambientada de la niebla que impedía reconocerse mientras se tropezaba con quien desearía ser conocido. Le habló de una mujer de la que estaba enamorado, del deseo de que  la luz que desprendía su imagen fuese siempre media hora más temprano que marcaba el reloj de la cafetería, pero demasiado tarde para las sórdidas expectativas de cualquiera que lo mirase..."Esa mujer es una hermosa adversidad que no puedo evitar" le dijo... Y la madrugada se les vino sin sentir entre arpegios y miradas furtivas. Aquella noche, ya en su habitación, quiso no recordarla aunque su deseo fuera todo un error...¿o no?