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viernes, 24 de agosto de 2012

LA ESPIRAL



Todos en Mogador saben que la espiral es una imagen representativa del deseo. Lo supo Aisha cuando se la enseñó a Fatma en forma de carta de adivinación, carta aúrica.

En Mogador, como cuenta ARS en uno de sus libros, la espiral son sus calles: la calle principal, La Vía o calle del Caracol, y otras. Dan giros desde las murallas que rodean toda la isla a la plaza central, donde están los baños públicos y los tres templos de las religiones que conviven en ese puerto. La ciudad, para sus habitantes, sigue contando ARS, era y es la imagen del mundo entero: un mapa de la vida tanto externa como espiritual de los hombres. Sus cuatro torres situadas en la muralla circular señalan los cuatro puntos cardinales. En cada uno de sus giros La Vía luce una fuente. Ellas insinúan que el agua corre por la espiral hasta los baños del hammam, lavándolo todo y a todos.
Los Sonámbulos suspiran, aunque  temen, la presencia del deseo. Es, posiblemente uno más de sus pensamientos paradójicos, porque todo a partir de entonces será espiral, todo confluirá, se traducirá, alimentará de forma desaforada sus vidas de forma que sus sueños no serán más que ilusiones magnetizadas del continuo devenir del destino del que sabe no puede huir. El destino persigue a sus víctimas hasta el mismo burladero y se queda ahí, imperturbable, inflexible y estoico... esperando. Ellos lo saben, como Fatma lo sabía, y aún así, no se resisten porque saben que no se puede poseer del todo... sin ser del todo poseído.

domingo, 3 de junio de 2012

IR A MOGADOR


Tal vez porque, como dice ARS en Nueve veces el asombro,  quien lee los libros sobre Mogador, sus contenidos se siguen escribiendo como sonámbulos en su piel y en su carne, es que he orientado a tantos embriones de sonámbulos a irse allí, sentarse sobre las paredes rosadas de sus murallas, pasear por la Skala mientras se oyen gritar las ruidosas gaviotas, caminar por sus calles empedradas cuando cae la noche y los ojos de sus habitantes escudriñan al buscador viajero de su propio destino. Y posiblemente también porque necesitaban que alguien les jurara amor eterno regalándoles cocuyos, esos insectos que se intercambian los amantes y cuyo brillo sigue vivo una vez muere el insecto, y que cuando se secan los muelen y mezclan con aceite de argano hasta conseguir una pasta que los amantes se untan discretamente en los labios antes de besarse. Les llaman ellos "aceite de luz"... Y es en la oscuridad de la noche cuando es emocionante ver cómo el cuerpo amado brilla por donde pasaron antes nuestros labios. 
Hay momentos en la vida que ésta, la vida, carece de sentido para el caminante, se encuentra confuso, no sabe quién es, no se entiende, no se ama... Y es entonces cuando ha de partir. Partir en toda su extensión, cortar, seccionar para abandonar lo hiriente, lo que le maneja mal. Es entonces momento de conocer Mogador para que su luz le transforme profundamente y le proporcione más agudeza en todos los sentidos.

P.D. Es recomendable leerse antes el quinteto de libros de Mogador de ARS, comprenderá todo mucho mejor, lo que le rodea y lo que porta en su interior sin saberlo. 

lunes, 2 de mayo de 2011

FLOR DE AGAVE


Leí en La mano de fuego, de ARS, casi al final, el episodio de la casi muerte de Ignacio Labrador Zaydún, cuando Jassiba se inclina sobre el yaciente cuerpo de éste para darle el postrer beso en su frente todavía humana, e instantáneamente, cuando su colgante, una pequeña mano plateada típica del norte de África, tocó sus labios, surgió un sonido como un quejido brotado de aquel cuerpo inerte. El olor profundo del aceite de argano que le habían puesto en la lengua llenó la habitación y habló y habló hasta la salida del sol...
Recordó Jassiba la flor de agave, esa flor sin mesura que nace una sola vez, justo antes de morir, del agave. Posiblemente por ello en los paises mediterráneos, agave significa noble, admirable. Revela la flor una exagerada contención de energía que pugna por salir y que brota de golpe cuando menos se la espera, cuando parece que su sino es estar siempre horizontalmente estable. Cuentan las leyendas que algunas agaves han tardado más de cien años en brotar su flor. ¿No querían morir o se habían preparado exahustivamente para ese momento?.
Si se ve desde la base parece que sus hojas son manos oferentes, manos sugerentes de pedir permiso para tomar el camino de ida sin regreso. En algunos lugares del mundo se llama a la planta "Manitas dorada", en otros "Ofrecida" y también "Mano en llamas". Pablo Neruda la llamó "floración suicida", tal vez la más explícita...
Ignacio Labrador Zaydun transitó de un continente a otro muy lejano para averiguar si sus deseos formaban parte de su historia o eran producto de devaneos mentales que en nada se asemejaran a la realidad, una realidad que permanece en las calles mogadorianas, producto del retorno constante de jassibas exorbitadas por placeres sensuales provenientes de jardines secretos. Nunca le temió a la distancia, cuerda imaginaria de deseos que él aprendería a templar, sino que imaginaba sería ella su manzana, su huerto de tranquilidad, su jardín más íntimo, como diría ARS en Los jardines secretos de Mogador, y quería estar ahí dentro, plenamente, feliz como Michaux en su diminuto huerto improvisado de Mogador.

domingo, 17 de abril de 2011

UN JARDIN SECRETO EN TUS OJOS

Un jardín secreto en tus ojos, o cómo él vivió una réplica de la abuela de Jassiba, la cazadora de orquídeas. Ambas, la nieta y la abuela eran como dos gotas de agua, una desnuda y vestida de tatuajes, la otra muy revestida y quedando desnuda en cuanto caminaba. Una gritaba abiertamente por sus ojos, la otra los escondía hasta el fondo de sí misma.


Su abuela también se llamaba Jassiba, y cuenta de ella que le sembró la rareza en su interior, haciéndola una fiel sombra de su personalidad. Por éso quería que la conociera el Sonámbulo, para que supiera que su dolor sería doble si se iba de su lado. Un día le enseñó una fotografía que era la fiel imagen de su Jassiba, la que conoció en un sueño y a la que no volvería nunca más a olvidar. Vivió entre Mogador y la ciudad minera de Álamos, en el desierto mejicano de Sonora, de donde era su abuelo. Pero también anidó en Granada, en las sinuosas laderas del Albaicín, en un carmen frente a La Alhambra.


Y sus pensamientos se fueron hacia aquella vida de experiencias viajeras, de sentimientos encontrados pero siempre guiados por la fuerza del deseo, como lo perseguía hoy su nieta adosándose en el interior de los sueños de su hombre, exigiéndole a crear jardines de la nada, en la nada, con nada, para los dos solamente, y mezclar naturaleza y esperanza, realidad y quimera, jardines a la medida de sus sentidos... Nunca nadie hubiera pensado en tal posibilidad. Intuía que la vida no tenía procedencia, que tan solo lleva hacia adelante, una y otra vez, a diferencia de la muerte que conduce fuera.


Y comprendió que todo aquello que dependiera de condiciones estaba vacío de realidad intrínseca, de realidad mental, la única que verdaderamente existe en el humano. Y se acordó de una cita de Thich Nhat Hahn:




Tómate tu té con lentitud y reverencia, como si fuera el eje alrededor del cual gira el mundo.


Lenta, tranquilamente, sin correr hasta el futuro.


Vive el momento actual, porque sólo


ese momento actual es la vida.

domingo, 16 de mayo de 2010

TIEMPO MOGADORIANO



En Nueve veces el acombro, ARS nos acerca la realidad de que en Mogador, el tiempo, y no el metereológico, tiene un significado diferente: "... nos permite encontrar ancianos muy infantiles y bebés muy sabios; amantes minuciosos que logran acariciar profunda y efectivamente a cuerpos enteros en un parpadeo y besos que duran toda la vida de los enamorados".
Se comprende así que esta pequeña ciudad acunada por el Atlántico sea reclamo para todo aquel que desea alargar su dicha, mecer sus pensamientos o recrearse con su regalada vida.
Posiblemente haber amado ciega la visión, limita la experiencia, y empuja a la insularidad del alma, a buscar la soledad para vivir más su yo. Algunos dirían que se crean figuras regresivas de un protector útero materno para sobrevivir. Posiblemente... ¿y por qué no?, ¿por qué mediatizar constantemente a quien desea modelar su propia vida... ?, ¿por qué arriesgar a la frustración a quien únicamente, ÚNICAMENTE, desea ser él/ella...?. Realmente sabe que nadie puede ser enteramente una isla, siempre se es un pedazo del continente, una parte del todo.
Los sonámbulos huyen siempre, denodadamente, de hacer zapping con la vida, con su vida. No renuncian a compartir la calidez y las caricias de los eternos instantes que Essauria les concede cuando se alimentan de su breve, siempre, estancia.
Desde el momento en que sus pies contactan con sus límites territoriales, un calambre de poseidad recorre sus anatomías, saben que ella sabe que han vuelto, que necesitaban regresar a quien les arrulló su sufrimiento y sus más íntimos... deseos.

domingo, 29 de noviembre de 2009

SENTIR LO QUE SE DEJÓ DE SENTIR.


Leí e hice casi propio este fragmento de Los jardines secretos de Mogador, de ARS, tras estar allí, en Mogador y ver el Atlántico en frente mío, sagaz, atronador el aire que le acompañaba, hiriente en su mensaje de soledad... :
Un día se encontró con un jardinero de fuentes, posiblemente atrapador de nubes, quien le dijo, mientras se protegía agazapado en la muralla de las miradas y caricias oceánicas, muy cerca del Bastion de la Sqala: "Nosotros somos parte del jardín. Y antes de ser marchitados tenemos la obligación de sentir sus mensajes".
Más tarde, he aconsejado en muchas ocasiones irse allí a sentir lo que solamente lejos se puede sentir cuando se ha dejado de sentir lo que en otro tiempo se sintió. Allí, entre sus molestos vientos oceánicos se halla el interior que no se encontró por haberlo perdido.
Y es que cuando el deseo se va hay que salir a buscarlo allá en donde esté y recolocarlo en aquello que le inspire.