sábado, 1 de mayo de 2010

ZEN Y SONAMBULISMO MOGADORIANO.

Sentirse dentro de algo/alguien, fundirse en la materia con la intensidad de quien desea resulta ser el abandono más perfecto de quien va en busca de su propia perfección interior. El zen ayuda a sentir este tipo de sensaciones, y éso permite cambiar el modo de observar la vida, la hace más suya, menos problemática con uno mismo, reduce todo a lo mínimo, a lo que de verdad importa...
El zen aconseja abandonar nuestras opiniones, ver y encontrar a través del conocimiento. Precisamente de ello habla ARS en un capítulo de Los jardines secretos de Mogador, de cuando observa a su amada durmiendo en la cama, de cuando una parte de su cuerpo le recuerda a la manzana de la que habla Henri Michaux cuando visitó Mogador.
Los sonámbulos son grandes observadores. Disfrutan viendo. Se acercan a esas unicidades que en nada son lo que parecen, que son lo que ellos sienten, como la manzana de Michaux y su deseo de estar en sus adentros, como el cuerpo de su amada, al que desea orgánicamente, conscientemente.
Para acceder al conocimiento se precisa primero tomar consciencia de nuestros sentimientos negativos, que son oscuridades que nos mantienen tensionados, falseando lo que nos rodea, confundiendo nuestros sentidos. Hemos de convencernos que tales sentimientos están sólo en nosotros, no en la realidad circundante: la pared con la que nos golpeamos no siente dolor, la tormenta que me acompañó ayer en mi regreso no se siente ofendida...Y aún más, tales sentimientos negativos no forman parte de nuestro yo verdadero, sino del yo social, ése que creen que somos los que nos rodean... Son, esencialmente, sentimientos que pasan, se suceden,son erradicables, ni nos pertenecen ni les pertenecemos. Y no creo que precisemos en nuestra propia naturaleza el éxito o el fracaso, la ambición, la suerte o el odio. Para ser nosotros, (no sé si llamarlo felices o lo que se le parezca, diría más bien, equlibradamente estables) solo se precisa abandono y desasimiento de lo innecesario, éso es lo que el zen aconseja.
La llegada de todo sonámbulo a Mogador y sentir sus jardines secretos le lleva a aprender la esencia zen sin más estudio que su propia reflexión.

domingo, 25 de abril de 2010

SONÁMBULOS VEGETALES SON.


El desierto profundiza al desierto le dijo un día Scott a ARS, cuando le legó el compromiso de jardín de cactus para Mogador desde las afueras de San Miguel de Allende.

Como si yo pudiera transplantarme con todas mis espinas y arena, y con toda naturalidad echar raices en tu cuerpo de mujer sahariana.

Esos cactus viven en Mogador como podían seguir viviendo en el desierto de Sonora. Esos cactus hablan de siameses del destino, mestizos de sentimientos que un día sospecharon una posibilidad y se aferraron a ella.
Dicen que los cactus resisten cualquier clima y no es verdad. Adquieren resistencias frente a lo que nunca desearon y prefieren la muerte antes que dejarse colonizar por lo que solamente les puede proporcionar tristeza y desánimo cierto. Son también, lo más posible, sonámbulos vegetales.

sábado, 17 de abril de 2010

FEROMONAS MOGADORIANAS.


Dice ARS que Cartagena y Mogador son dos ciudades gemelas. Ambas traspiran noche y sexo. Posiblemente porque en las dos se acude en busca de alguien, con la esperanza a cuestas, con el imán del deseo en plena actividad sensual, ciertamente incierto en la creencia de que cualquier pensamiento tiene siempre un final... y no. El ser humano posee ese encantamiento infantil que le entremezcla su vida adulta, narcisista y contemplativa pero predictiva como cuando relata en En los labios del agua (Alfaguara.2005), su encuentro con Leila y la melodía de seducción que le acompañó hasta las alturas o como se reconocen los de la casta en donde las nubes habitan. Leila le dice que "los sonámbulos somos cuerpos poseídos por los dedos hambrientos de miles de otras personas que murieron antes de realizar sus sueños. Somos embajadores de sueños, enredaderas de sueño, muchas veces con espinas. Nudos de sueños. Por eso estamos aquí, cumpliendo deseos de personas que conocimos pero que ahora son deseos nuestros".
Los encuentros con sonámbulos siempre son enriquecedores de vida, la amplían y alimentan para ser más intensa, tal vez también más extensa...
Y sí, puede que sean dos ciudades gemelas Cartagena y Mogador, posiblemente porque les baña el agua y les avisa con ternura unas veces, con violencia otras, que la vida se ha de deshidratar para ser de nuevo hidratada para lamerse su sal, que estimula los demás sentidos, que los acucia hasta hacerlos caer en el campo de batalla del deseo. Leila supo que el destino estaba escrito con letras feromónicas.

domingo, 4 de abril de 2010

DESEOS ESPIRALES


Dicen en Mogador que la línea de la vida y el deseo crecen y avanzan con más naturalidad en forma de espiral- según relata ARS en Nueve veces el asombro. Alfaguara. 2005- : esa línea interminable, lenta, indecisa, siempre comenzando de nuevo. Y no se piensa de ninguna manera que la vida sea esa cima escalable con la cual se representa con frecuencia en otras ciudades y culturas. La cúspide única de poder y riqueza, el clímax, el éxito ascendente, la fama mayor, no gozan de ningún prestigio en Mogador. Todo lo contrario: de quien vive el espejismo de haber ascendido se dice que "se cayó hacia arriba".
Todo parece estar siempre comenzando, allí, en Mogador... por eso en muchas ocasiones lo comparamos con nuestra realidad y nos llama la atención el modo de comportarse de personas adultas, aportando formas que son más de adolescentes. Como todos. Y la imaginación se vuelve al mundo de los deseos mogadorianos, al mundo del sonambulismo. Y me pregunto en qué momento somos y no somos adolescentes llevados por nuestros impulsos más primarios, haciendo oidos sordos a nuestro córtex prefrontal, en busca de ese instante de goce o de fracaso que la conducta conlleva... en qué apartados de nuestra vida se anulan esas alarmas...
Y siempre conducen a momentos inolvidablemente eternos que nunca serán amnésicos y sí alimentados con realidades o ficciones que en nada tengan que ver con lo que pragmáticamente fue... o sí, ¡quién sabe!.
¿Quién no ha tenido la tentación, tras esas vivencias, de cerrar los ojos a más vida...?. Y no. Dimos amnistías totales a las culpas pasadas, nuestras y de los otros. Nos dejamos de lamentos y resentimientos que no sirven sino para ennegrecer nuestro camino por recorrer. Allí, en Mogador, hablamos de cicatrices, crecimientos y comienzos... espirales.

jueves, 1 de abril de 2010

UNICIDAD SONÁMBULA: comprenderla es poseerla.


Las mismas calles de siempre se vuelven otras cuando acabo de besarte, de estar contigo en el hammam: que es siempre como estar compartiendo un sueño. Es como si todas las calles, largas o cortas, rectas o curvas, me llevaran hacia muy adentro de tí- le dice Aziz a Hawa, según cuenta ARS en La huella del grito (Ediciones del Ermitaño. 2002).
El erotismo que despide la amada al amado y viceversa, revierte siempre en novedad. Nunca es todo igual, como manifestó Heráclito, ni los sentimientos, que son convulsos unas veces, plácidos otras e individuales siempre. Sentir que cada momento sea el momento es oficio de diferente esfuerzo y tiempo en cada uno, que la estabilidad psicológica, como algunos definen la felicidad, no está en igual proporción en todos los humanos.
Aziz siente su interior cuando ve a Hawa como con la venida de una primavera agradual, irreflexiva e íntima, la que solamente se siente un instante en la vida. Los demás instantes serán también... únicos e irrepetibles.

miércoles, 31 de marzo de 2010

AUTOCONOCIMIENTO


El sonámbulo les habla en muchas ocasiones a quienes están ciegos y sordos vitales que siempre hay algo que buscar, no se desesperen y sientan el cansancio sobre sus espaldas porque ese enlentecer causal siempre aparecerá, se quiera o no, con el paso del tiempo. Por ello, mientras no arrive, se siga amando lo imposible, deseando lo infinito. Pero no amar de manera posible lo imposible ni desear de modo infinito lo finito... sino mirándose en el espejo, por muy pequeño que éste sea sea, aunque se haya restaurado en varias ocasiones.

El cansancio más profundo siempre proviene de sumar todas las desilusiones que nos creemos ya olvidadas, de acumular todas las desesperanzas a las que negamos su existencia, de soportar todo el peso del mundo como si fuéramos un Atlas... El cansancio proviene también de haber dejado de desear con todas las fuerzas que una vez lo hicimos, lo que sea, a quien sea, en donde sea... ¿Dónde quedó la experiencia de las actitudes?. La sabiduría no es transmisible como no lo son las soluciones de ayer a los problemas de hoy, sí el acto no la forma...

Me preguntó alguien en una ocasión: ¿Habré amado alguna vez?. Sin duda tuviste la intención, pero la capacidad... ¿la tuviste?. Lo pensaré, me contestó. Todavía espero su respuesta.

Y es que aún no existe una asignatura en el curso de adiestramiento a la vida que se titule AUTOCONOCIMIENTO.

Seguiré exigiéndola.

domingo, 7 de marzo de 2010

INSTANTES SONÁMBULOS.


Llegó un instante en que Ignacio Labrador Zaydún- nos cuenta ARS en La mano de fuego, Alfaguara.2008- sueña e imagina, recuerda y vive, sabe y dice lo que su amante ordena y guarda. Todo aquello fue tomando forma en historias que nos fue dejando para ser conocidas por otros de la casta antes que se conviertiera en las cenizas que conformaran otro destino, con destreza y seguridad, otro contenedor de deseos.

Siguiendo la espontaneidad del libro para ser leído, lo abrí por casi el final, antes de la coda, y me habló de sus últimas horas, aquellas en las que Jassiba se obstinaba en dudar de la naturaleza y seguir sintiendo su vida junto a ella, comunicándose mirando la luna llena (la luz del sonambulismo que los unía). Mientras me contaba cómo los dedos de ella acariciaban los labios de su amado y sentía que la memoria final comenzaba a correr desde las yemas de los dedos, imaginaba ver cómo era realmente aquel momento, qué colores inundaban tales instantes, ocres para mí delirio, cuáles sus sonidos que no podía descifrar siendo solamente crujidos lo que llegaba a mis sentido auditivo, a qué olía aquella última amalgama de carne... y era aceite de argano que le había puesto en la lengua. Todo lo leía con hipnótico asombro, como lo describía ARS, intentando sujetarlo en mi parahipocampo hasta hacerlo mío e impedir que no me abandonara nunca por lo que me había enseñado su vida. Incluso en aquel último instante en que como flor de ágave se resistía a irse, brotando de ella toda su belleza y lozanía, reivindicante, demostrándoles a todos que esos miniespacios temporales que aún le restaban conformaban el resumen de su existencia, real o imaginaria, ¡qué más daba ya!, pero circunvalatoria existencia deseante, la suya, la que de nadie más podía ser ni sería nunca, el que fue jardinero, el que fue jaguar, el conquistador conquistado o el alfarero enamorado que prepara el barro mezclado con sus cenizas...
Acabé de leer el capítulo y durante unos instantes escénicos viví la creencia de la lírica realidad de la espacialidad de quien no vive sino piensa, informe y refractario a cualquier molécula circundante, siendo solamente... un deseo.