sábado, 5 de noviembre de 2016

OBVIEDADES, posiblemente...


Existe la espiralidad en los sueños. Cada vez estoy más convencido. Naturaleza y destino de situaciones que justifican vivencias, territorialiedades informes  que alimentan al humano para describir sus sensaciones a los demás y a sí mismo cuando se habla.
Y es que es imposible vivir sin armonía, sin la complejidad de conciliar cada aspecto vital que subyace entre las distintas materias que nos rodean. O inmaterias...¡da igual!.
Armonía, equilibrio, simetrías o avenencias que sostienen algo inalienable deben ser justificadas:  si se hace indispensable regresar, lo mejor es hacerlo sabiendo que el lugar y la situación son diferentes. Y nosotros, otros.  
Los sueños, si no se recuerdan... no valen nada, por mucho que Freud se empeñara...

domingo, 4 de septiembre de 2016

LA SERENIDAD DEL GRAN AZUL DESLIZA PENSAMIENTOS




Recuerdo un pasaje de Los nombres del aire, de ARS, en el que habla de una planta conocida por el nombre de Impaciencia. La describe como de  tallos frágiles y con la superficie de sus afiladas hojas  dirigidas hacia la luz de una forma exagerada y no vista antes en otras plantas. Pienso que podría ser como esa mirada, que busca y no encuentra con la rapidez necesaria para ser otra, tan distinta a la que antes era, desmintiendo con sus no movimientos su propia peculiaridad. Se atisba curiosidad religada de necesidad.
Suelo fijarme en el caminar de los que me preceden por las calles. Muchas veces, las más, es de una manera totalmente espontánea, no buscada. Otras he de reconocer que furtiva, con la incógnita en mi pensamiento, investigando esa posible coincidencia con lo que presupongo es o quiere ser su forma de ser, éso que llaman personalidad. Evidentemente, en la mayoría de las ocasiones nunca sabré si coincide su desplazamiento con su manera de comportarse ante la vida y que cuesta toda ella para saberse nacido o intuir que se está yendo por momentos sin poder impedirse... Desconcierta mucho saber que como el agua entre las manos se va por cualquier espacio, que no se retiene por más que se insista en ello. Por todo lo dicho, y no dicho, es importante hacer valer cada instante y no aturdirse porque otros no comprendan que en ocasiones nos topamos con una línea, que sin ser roja ni infranqueable,  viene bien traspasarla, por uno mismo, obvio, y no se hunde la existencia. Hasta a ella... a la línea, le va bien...
Y no es por impaciencia, como la planta, es por serenidad, que no es pasividad...ni mucho menos.

sábado, 13 de agosto de 2016

EN EL INTERIOR



Que el cielo queme en tu cabeza este olvido, que el piso se mueva, te tire y te levante muy adentro de mí. Éstas frases a modo de embrujo, y otros consejos, recogidos en Los nombres del aire, de ARS, son las que la egipcia Sofía le dice a otra mujer para que acercara su amado hasta ella. Es interesante leerlos, entender lo que el exceso de dopamina puede provocar en el cerebro del humano. El escepticismo puede jugarnos malas pasadas, pero su carencia también, aunque de mejor talante, de mayor proximidad afectiva con uno mismo.
¿Qué es un deseo sino un hechizo mental al que vamos inconscientemente...?. Sin esa fascinación por el contrario, por el amadoamante, no sería provechoso vivir, confirmar la distancia con uno mismo, aceptar que la dulzura es más un sonido que un sabor.

sábado, 30 de julio de 2016

MUESTRAS DE INEXISTENCIA


Existen Scherazades de nombres muy diversos que disfrazan noches de pasión y deseo con la codicia y credibilidad propia de un peregrino en busca de paraísos inexistentes. Y son esas convincentes memorias las que les posibilitan seguir existiendo, siendo sultanas en tierra de nadie, o pasar a convertirse en una triste copia de Nina Simone cantando Wild is the windTodo por momentos que valen vidas. 
Y es que la vida de los amadosamantes sonámbulos tienen ese inconfundible aroma a los poemas lorquianos que si no se leen con el rumor de una guitarra de fondo no se entienden, aunque posean ese sinsentir que acompaña a los sueños imposibles y eternamente atormentados; de igual manera que el amor nunca ha de entenderse, ha de sentirse, ha de hacerse, ser una necesidad o no ser nada, ser recuerdo o ser reenajenado sin posible recuperación. Al amor hay que ir, sin esperar,  sin billete de vuelta, aunque sea en low cost, con el cuerpo concentrado en las manos y diciendo con los dedos.

domingo, 24 de julio de 2016

SUEÑOS SENTIDOS


Solamente ella subrayaba su ausencia, ahogada en la melancolía que añora el tiempo ausente, violado tan solo por la lejanía de una pronta aparición. Se la veía asomada a la ventana donde hoy sería inútil imaginarse a nadie en situación de espera, como si no existiera whatshap que conformase el silencio maldito de un abortado deseo.
Tan solo hay que regresar a Mogador para aceptar que las realidades siempre deben contar con ese soñador/soñadora que delira sueños posiblemente imposibles....o imposiblemente posibles... o posiblemente posibles...¡qué más da!. Caminar por sus calles y oir los susurros de ausentes terminales de imaginantes diálogos de asombros renueva a esa ciudad de voces que resuenan, con sus murallas que modulan sus palabras en un incesante canto de anhelos, de ansias marchitas.
A Mogador hay que llegar retrasándose, esperando siempre, sintiendo que eternamente se estará ausente para percibir los enhebrantes caminos que conduzcan a que dos cuerpos sientan la geometría sutil del dibujo que conforma lo opuesto al acúmulo, ese triste y lamentable modo de no tenerse nunca.

domingo, 17 de julio de 2016

NADA HAY SIMPLE


Debatíamos en la noche universal, engañosamente sosegada,  mientras el vaso de bebida larga interrumpía un pacífico horizonte marino, acerca de la dicotomía del pensamiento. Nos movemos entre el bien y el mal, lo legal y lo ilegal, lo bello y lo feo, la paz y la guerra, el amor y el desamor. Y las opiniones sin matices son abstracciones, conveniencias burdas de clasificar la realidad, simplificadoras para examinar lo complejo y útiles al humano para tomar medidas rápidas. Es más sencillo acamparse en el sí o en el no porque para hacerlo no hacen falta excesivos argumentos. Nos han enseñado a ello, nos han conducido a ello, nos hemos acostumbrado a ello. Matizar precisa más esfuerzo. Desplegar las diferentes tonalidades de un color, el que sea, supone analizar múltiples circunstancias: la luz que le refleja, para qué se va a utilizar, si es para una determinada estación o para otra distinta totalmente, investigar si puede molestar a las creencias de alguien, si es para una habitación de bebé o para la fachada de una vivienda, etc. 
No tomar una actitud dicotómica supone la aparición de la duda, al menos. Aprender a dudar es asumir la fragilidad y la contingencia de la condición humana que no nos hace autosuficientes. Sin embargo, la necesidad de los demás no ha de impedir la afirmación de la propia individualidad, la madurez que consiste en ser autónomo y pensar por uno mismo. Alguien me dijo que una estantería con libros confirma la variedad de espejos... 
Algún día les contaré cómo terminó, (si terminó... ) la conversación.

lunes, 11 de julio de 2016

ÍTACA


Ella me comentó hace años que oía asiduamente el brusco veredicto de la vida: sílabas rotundas sin ninguna argamasa que las uniera a otras sílabas desiguales en ritmo y estilo, huecas de gozos y llenas de silencios. 
Había huído a Samarcandas que nunca conoció y bailado rumbas sordas que presagiaban ceros inflexibles, pretextos fronterizos de la ausencia más desgarradora. 
Veía la vida que podría y no la que era, desgarrándose en personajes esquivos que repetidamente la suplantaban para hacerla sentir lo que nunca existiría en sus adentros, buscadora de respuestas y siempre defraudada por la futilidad de sus pesquisas. 
Me dijo que sus neuronas estaban en unas carpetas de su PC , en negro sobre blanco, "Siempre me ha parecido muy elegante el contraste" -añadió en una de esas conversaciones imaginadas- saturadas de noches insomnes, suspiros y lágrimas negras. En la quietud monocorde de esas lindes ilusorias se decía entre teclas y teclas que no hay forma de explicar con precisión un desamor. Ni un amor.  
"Siempre escribo en legítima defensa", me contó.

Y hoy, en la sala de espera de la memoria, me cuenta que ha logrado entender que en un segundo puede justificarse la vida, aunque solo sea un segundo, o dos...o tres... o más.