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sábado, 4 de junio de 2016

Y ENMUDECIÓ EL TIEMPO


La gastronomía convence a quien atisba las variantes del olvido, le resitúa en el complot que los sentidos ejercen sobre su cuerpo, cementerio de escrituras e imágenes que son ya amarillentas páginas de neuronas aristotélicas. El simple paladear aquella anónima receta le lleva a una imagen, a un olor, a un sonido que le hizo llaga eterna y eternizante. Jamás tanto prosaicismo conduce a tan grande mundo de ensoñaciones, de resplandores...
Ese silencio sella pactos con uno mismo hasta vencer la coyunda del vacío de la noche, como la espesante memoria del derroche de oleajes y truenos que hoy acompañan el camino de cualquier Sonámbulo que se adentre en su propia memoria.

sábado, 24 de mayo de 2014

MEMORIA y SER


Leyó el Sonámbulo en un minúsculo librito de Marina Colasanti: "En la memoria de un pez se graba solo un segundo. Pero ¿cuánto vale el tiempo en su mundo?". Y se quedó pensativo... porque ¿qué secretamente permanece en nuestra memoria...?, cosas normales que prescinden de ser excepcionales como escribir un Email, comprar el periódico, buscar una chaqueta a la tintorería, hablar con un amigo, dar un paseo, efectuar el trabajo diario o acomodarse en el sillón a leer un libro o escuchar esa canción que nos agrada...?.
¿Se ha olvidado de la exclusividad del momento que nunca regresará como la alienación transitoria de la que habló Freud...solamente porque fue el primero en definirla ...?. Falta algo... 
Existen agonías desesperadas que no deberían ser tales si se autoexigiera esa cierta trascendencia del instante, de la expulsión de la torpeza de lo inasible que gesticula nuestra mente excesivamente formal dejando a parte la fidelidad al pensamiento de ser otro, el otro, el que o se es o no se será jamás... El humano se refiere al corazón, al instinto siamés con el cerebro del que nacen los propósitos o las enmiendas, lo racional... Excesivo que sea siempre así...¿no?.  De ello me baso (a mi manera, Alberto...)  cuando habla en Nueve veces el asombro al decir: "Que nadie toca su propio corazón sino el de los otros: ley elemental de la música mogadoriana del deseo... Y por eso es un instrumento que se ejecuta por lo menos en parejas. Lo que sí puede hacer solo cada quien es bailar al ritmo de su corazón cuando éste es alterado por alguien más a la distancia... ".
El humano debiera conseguir alcanzar la sabiduría de no ser siempre las manos de quienes las tienen, de no ver tantos vivos muriendo que muertos vivientes, de no traducir siempre sonidos en palabras, que los silencios, las miradas son en muchas ocasiones grandes ejemplos de deseo memorizante en ese rudimentario cubículo de inmortalidad que nunca lo será, que huirá sin haber cumplido su misión primera: ser. 

domingo, 2 de marzo de 2014

MEMORIA


El entusiasmo que de siempre he tenido por la memoria me persigue sin saber apreciarlo en su justa medida. Alimentar nuestra vida de recuerdos y que luego sea nuestro cerebro quien los almacene o elimine a voluntad, a la suya, me resulta químicamente difícil de comprender;  por eso tal vez exploro las respuestas en otros espacios, en otras sensibilidades que evitan el pesimismo de la inteligencia y lo intercambian por el optimismo de la voluntad. ¿Qué es lo que retiene un momento, una mirada, un olor, una canción, un tacto por libiano que éste sea...?. 
Los pertenecientes de la casta sabemos que somos cuerpos poseídos de deseos hambrientos de otros miles que murieron sin conseguirlos. Somos una naturaleza, un destino que no podemos evitar, que no queremos evitar, deseos obstinados en no desaparecer en el olvido, de similar forma a la imposibilidad de poseer totalmente a alguien, especialmente si es mujer , o a algo, si es una ciudad. En cierta manera es como cuando se ama de verdad, que la verdad nunca sale perjudicada. 
La reflexión de muchas horas, sí, me ha llevado a la conclusión de que la paciencia en ordenar cada impulso, cada latido de deseo, me ha evitado pedir explicaciones a esa memoria que me protege/nos protege de puertas cerradas y nos facilita la apertura de ventanas en donde menos pensábamos que existían, aunque en alguna ocasión, cuando veo llorar a un anciano imagino sollozar el tiempo...

domingo, 29 de abril de 2012

EL MANGOSTÁN ENSEÑA

La memoria, decía Paul Valery, es el cuerpo del pensamiento. El pensamiento no existe si no es expresado. Y es cierto, sin memoria todo es siempre un comienzo. Se es el que se es porque se alimenta de experiencias y de, posiblemente si existiera la palabra, imperiencias.
Los sonámbulos sienten la experiencia sin que en muchas ocasiones la hayan conocido. Una mirada, un aroma, un sonido, un sabor umami del que existen todavía tantos por descubrir...
Pero todo ello no sirve para mucho si no se comparte, si se desperdicia su conocimiento, si no se abre ese mangostán en el que viven algunos seres y que no deja ver ni sentir ni oler ni degustar sus magníficas sensaciones... únicas, aunque no sean las mismas si se prueba en Denpasar que en Madrid o Badajoz.

sábado, 23 de enero de 2010

MEMORIA Y GRILLOS.



En Mogador, según cuenta ARS (Los jardines secretos de Mogador) que cuentan sus lugareños, hubo un barrio chino donde había jardines interiores hechos de piedras y no de plantas. Tales piedras eran traídas de lugares remotos a donde se iba por seda y especias. En invierno se cubrían de musgo rojizo que se multiplicaba con inusitada rapidez, diciéndose entonces que crecían con la humedad hasta tocar el cielo. En él también existía un jardín de grillos cuyo jardinero los alimentaba de plantas diferentes para conseguir, según él, voces de distinta tonalidad. Contaba también que son muchas las cosas que, además de la comida, pueden modificar el canto de los grillos. Una de ellas, invisible y poderosa, es el deseo. Conocía que la distancia modificaba el canto (al igual que sucede con los seres humanos) de tal forma que parecía estar templando la cuerda de una guitarra según acercara o alejase al insecto de su congénere deseado.
El deseo es la permanencia de un espacio, un paisaje, un sentido dentro de una vida, como los microescenarios ilegíblemente bellos y defensibles que relataba el poeta Henri Michaux, que también visitó Mogador.
Pienso que peor que perder la memoria debe ser que el pasado se olvide de uno... Es por ello que las frustraciones del alma impiden recordar con dulzura lo que tan solo habitó en un corazón, no en dos... Y así nunca será cuando se vaya a Mogador: cuando paseen por las noches empedradas de las calles de la ciudad del viento escucharán las voces de los grillos, suspirantes y taciturnos en busca de ese aliento, esa sombra de deseo que les permita sellar una vida, una memoria...