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lunes, 28 de abril de 2014

BUSCAR LOS PROPIOS JARDINES


Al igual que hizo ARS con su narración, cada uno puede construir sus propios jardines secretos, esas parcelas cuyos integrantes solo ven unos cuantos privilegiados, no aquellos ciegos desilusionantes o maltraductores de lo que allí se expone. 
Me contaba alguien que hubo un tiempo en que tan solo veía una serie de ociosas tentativas vitales, una herencia interminable de un círculo que iba cerrándose, muriendo, oliendo a descomposición... En realidad estaba, sin saberlo, en stand by, haciendo antesala de momentos inesperados que desconocía podían hacerse realidad bajo un cielo sin límites. De pronto comenzó a desear belleza en las cosas minúsculas, en las no cosas, en su interior... Y aquel deseo se transformó lenta y pausadamente en la certeza de saber lo que luego supo podía tener. Su mente se vigorizó al ver mapas de territorios definídamente sin los límites que él se imponía: cuando ves los mapas no ves aire, cuando estás en el aire ya no hay mapas, le dijo el Sonámbulo. A ese tipo de jardines debe desearse llegar, a ese paraiso, el último de todos los jardines. Y que la sorpresa se adueñe de tí, porque si algo o alguien ya no te sorprende no es porque le conoces, es porque te importa menos
Dijo Shu Shuemou que saber que no se sabe, es humildad. Pensar que uno sabe lo que no sabe, éso... es enfermedad. Y yo pregunto, ¿quién es tan inconsciente que busca enfermar conscientemente...?. ¿No será que a veces esperamos la llamada que no hacemos...?

sábado, 4 de septiembre de 2010

LA TORRE DE LAS GRANADAS


Jassiba le enseñó a su sonámbulo el llamado "cuarto de los fantasmas". Él creyó al principio que le había llevado a la torre de los enamorados. Ella le contestó que todas las historias de amor son historias de fantasmas, "estar enamorado es estar poseído por alguien. Cuando una desea, se vuelve como una casa llena de fantasmas". Siguieron avanzando por el ryad y llegaron a una estancia en cuya parte superior de la puerta se veían granadas dibujadas en azulejos. Era la Torre de las granadas. Había libros por todas partes, flores en macetones de cerámica esmaltada y alfombras con motivos florales bordados en ellas. Jassiba le dijo que su abuela, ávida de todo aquello que tuviera que ver con el deseo, era una gran entendida de jardines y jardineros. Añadió que los jardines eran solo un primer paso para el deseo, "admiraba a todos aquellos que vivían sus deseos con tal intensidad que llegaban a mezclarlos con la naturaleza. Le fascinaban los jardines más extravagantes y las historias de cazadores de orquídeas".
Las historias de aquellos libros contenían vidas de personas pasionadas por los jardines, que crearon, dentro y fuera de su imaginación los jardines más bellos que nadie pudiera creer. El padre de Jassiba fue uno de esos jardineros "amateurs" transformados por lecturas de intensidad obsesiva, como bien recoge ARS en Los Jardines secretos de Mogador. Jassiba abrió la ventana en un momento de recogimiento "álmico", y el olor a magnolio, ese olor excesivo, inundó la estancia y les instó, animó... casi obligó a sellar ese momento de la única forma que saben hacer los enamorados. Y en ese momento descubrió él aquel lunar que Jassiba ocultaba, herencia de su abuela y que motivó versos y poemas de poetas de la época.
Otro día hablaremos de aquellos poemas de los que la abuela de Jassiba se sentía tan orgullosa y que solo uno de aquéllos había conocido verdaderamente.